Les dejo la página de la U. de Chile (principal organizadora) del próximo III Congreso Latinoamericano de Antropología. Recomiendo también ojear los paneles/mesas de discusión: 7.- Antropología Médica Latinoamericana, 11.- Identidades en Producción, 12.- Cultura y Subjetividad, 17.- Diversidad Cultural y Políticas Públicas, 18.- Procesos de Sucesión y Reproducción de las Elites, 19.- La Política en Movimiento, 21.- Objetos y Significados, 23.- Movimientos Indígenas y sus aportes al Debate Político en América Latina, 30.- Paisaje, Naturaleza y Cultura, 31.- La Antropología en Escenarios de Catástrofes, 35.- El Estado en Acción, 40.- Espacios, Subjetividades y Metodologías de Investigación Urbana...
Existen más de 40 simposios, y los lugares de exposición se distribuyen en gran parte de la ciudad.
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27 de octubre de 2012
6 de mayo de 2012
En 1982 debuta la primera entrega documental de lo que se
nombrará como la Trilogía Qatsi. Koyaanisqatsi es palabra del pueblo indígena Hopi
de la meseta central norteamericana que utilizaban para nombrar a la “vida fuera del equilibrio”. El mismo documental ofrece otras acepciones:
1. Vida
loca.
2. Vida en
tumulto.
3. Vida en
desintegración.
4. Vida
desequilibrada.
5. Una
condición de vida que clama por otra manera de vivir.
Tiene la enorme virtud (o defecto para los que se encuentran
acostumbrados al uso obligado de la palabra) de carecer de relato que guíe la
significación de las imágenes. El documental es un homenaje a la contemplación,
caída en desuso en la vorágine del movimiento moderno y obliga al observador a
formular su propia descripción de lo que contempla sin intermediarios.
Leo por internet que el director Godfrey Reggio justifica la
ausencia de palabra con la siguiente frase: "No se trata de falta de
amor por el lenguaje por lo que estas películas no tienen palabras. Es porque,
desde mi punto de vista, nuestro lenguaje está en un estado de gran
humillación. Ya no describe el mundo en el que vivimos".
El lenguaje y el poder,
dos elementos que se entrecruzan y que constituyen el fundamento contemporáneo
de toda una crítica de los grupos subalternos al poder de los medios masivos de
comunicación que disminuyen al máximo todo poder de contemplación, ya que se
encargan de producir y entregar paquetes de interpretación que sólo requieren
la cómoda observación de los individuos en sus casas para su consumo
instantáneo. Echando mano a la antropología política recordamos a Pierre
Clastres y a Maurice Godelier, ambos ponen énfasis en que el dominio de la
palabra es precondición de toda dominación.
En la actualidad, un político es reconocido y celebrado por su capacidad para dominar la palabra, de hecho sus actuaciones públicas, el uso de discursos, la tranquilidad frente a la crítica de un periodista u otro político, demuestran que el acto de dominar la palabra es un principio de organización social, como también de saber hacerse un lugar en el poder.
En la actualidad, un político es reconocido y celebrado por su capacidad para dominar la palabra, de hecho sus actuaciones públicas, el uso de discursos, la tranquilidad frente a la crítica de un periodista u otro político, demuestran que el acto de dominar la palabra es un principio de organización social, como también de saber hacerse un lugar en el poder.
Si nos adentramos
en la cultura mística de oriente, observamos que el silencio y la potencia de la
contemplación sin interferencia del lenguaje, por tanto, de juicios, ocupan el
lugar más elevado de múltiples variaciones religiosas del budismo o el
hinduismo. De hecho el séptimo chakra de la coronilla no es accesible o “destapado”
por el poder de combinación de palabra y sonido alguno. Es el resultado de lo
que se conoce como la apertura al silencio. Heidegger hablaba de que al Ser se le oía en el silencio absoluto.
Y sin embargo el
documental no renuncia a la música, compuesta por Phillip Glass se abre a la
fuerza polifónica de coros acompañados por instrumentos y melódicas
retumbantes, muy parecidas a la vibraciones mántricas exigidas en las
entonaciones meditativas del budismo para el despertar del cuerpo.
El oriente y el
indigenismo místico que contiene éste documental acondicionado por la
mistificación propia de occidente, son quizá uno de los productos más tempranos
(en el área cinematográfica) de elaboraciones que buscan dar cuenta de la
violencia cultural para con toda la naturaleza que exige el desarrollo del
sistema económico occidental.
La trilogía tendrá
dos volúmenes más: Powaaqatsi (1988) que significa algo así como “vida en
transformación”, pero en su sentido crítico, en donde una forma de vida
organizada como sistema –¿la economía, la sociedad?- se toman las fuerzas
vitales de los individuos para su propio funcionamiento, reduciendo los cuerpos
al estado de cansancio, letargo y tristeza. En el documental: “una entidad, un
modo de vida que consume las fuerzas vitales de otros seres para favorecer su
propia vida”.
La última es de
2002 Naqoyqatsi que significa vida en guerra.
A inicios de los 90’s
se filmará la reconocida versión de Ron Fricke de Baraka (aliento de vida) que
utiliza los mismos medios para articular una visión transversal de la
naturaleza y su asociación implícita con la religión y los rituales que median la
relación del hombre con el cosmos, la divinidad y el cambio permanente. Los cuatro documentales (la trilogía + Baraka) introducen en el mirar sin palabra, y creo que éste último logra captar la relación humana con la divinidad mejor que cualquier ensayo de interpretación religiosa.
26 de enero de 2012
La cultura como unidad de lo múltiple.
“El principio de reciprocidad permea la vida tribal” B. Malinowski
La antropología es la única ciencia social que ha sabido describir la vida como una unidad de lo heterogéneo, un ensamble de los diferentes en un campo de fuerzas. No se trata de reducir toda actividad social al modelo omniabarcante de la cultura (el campo inmanente de la naturaleza social) evadiendo las diferencias, las jerarquías y asimetrías sociales heredadas del funcionamiento permanente del poder como articulador de la diferencia. La actividad humana, el ejercicio constante por practicar significados que remiten a estructuras humanas de contornos ajustados a un territorio y un tiempo como contexto de la actividad, nos muestra, con sorprendente claridad que el poder de las estructuras y símbolos humanos adquieren una flexibilidad (temporal e histórica) y variabilidad (adscritas a otros territorios, espacios y tiempos) proclives a los flujos de transformación a través del cual todo sistema permanece en el tiempo condicionado por intensidades que alteran sus elementos constituyentes.
Al mismo tiempo la antropología ha sido la única ciencia social capaz de dar cuenta del universo simbólico que gobierna las comunidades humanas como totalidad sin pretensiones universalistas, describiéndolas como relaciones cósmicas que atraviesan por completo el sentido de sus integrantes, vinculando a humanos y no humanos en constelaciones de sentido más amplias, que complementan las acciones humanas más allá de la mera interacción social, ejemplo de ello son las relaciones minerales, relaciones vegetales y relaciones animales que constituyen un régimen de continuidad entre las conciencias humanas con su entorno. Una relación simétrica de las comunidades humanas con agencias no humanas como devenir cósmico de su cultura.
Habría que ver, junto a esto, las evidencias antropológicas que muestran a comunidades “primitivas” (no occidentales) con prácticas de poder y depredación sobre su entorno muy similares al momento moderno del occidente. Las clasificaciones binarias se ven desbordadas por las realidades múltiples que han expresado las diferentes manifestaciones culturales. La virtud de la antropología en sus archivos monográficos ha sido siempre, independiente de los juicios de valor, las descripciones de la actividad humana como sumergida en una totalidad que los afecta en todo momento y lugar (con continuidades y rupturas entre Naturaleza y Sociedad inherentes al imaginario de cada cultura), una totalidad tan preñada de símbolos y sentidos vinculantes, ante el cual no se admiten las fracturas occidentales del individuo como límite autónomo e independiente de lo social, espacio imaginario construido por el capitalismo y las democracias representacionales en el cual los seres humanos se dedican a administrar sus ingresos como simbólica de la “libertad”.
Ejemplo de ello son las ausencias de la noción de cuerpo como territorio particular del yo en oposición a la comunidad en “algunas” culturas no occidentales (Do Kamo). La noción de cuerpo (occidental) no comprende cohesiones sociales basadas en la ausencia de prácticas que no tengan al cuerpo como lugar ritualizado de la individualidad (moldeamiento de su figura, sus gestos, modalidades del habla, centro espiritual, espacio de la identidad), toda una simbólica que nos define como colonizadores absolutos del significado de cada elemento del cuerpo, dominado por un imaginario que asigna valor al color, tamaño de la nariz, orejas, boca, extensión de la frente, etc. Asociado a facultades de la inteligencia y la capacidad, todo un espacio para el racismo y clasismo del cual difícilmente se sustrae la conciencia.En el presente actual las sociedades occidentales se enfrentan con velocidades de tal magnitud sobre el mundo y el entorno que las afecta, quedando muy pocas chances para que la racionalidad que administra su relación con el mundo (tan cargada de valores no examinados, como reificados) sea capaz de producir soluciones que amaguen sus efectos. Los efectos de dicha velocidad demandan una producción acelerada de pensamientos y acciones creativos. No es para nada absurdo pensar que la naturaleza y sus movimientos infinitos de composición/descomposición que incluyen a la condición humana, después de todo terminen por provocar la emergencia de una nueva relación en la construcción social que occidente tiene para con la naturaleza, en especial si tenemos en cuenta que de dicha construcción depende un ejercicio práctico real que oriente la experiencia humana que no escinda al mundo de su movimiento cósmico, en su estricto sentido de unidad indiferenciable de procesos en mutua afectación.
Do Kamo: en el caso particular de esa monografía de Maurice Leenhardt, la sociedad observada asigna los mismos nombres de frutos y vegetales para ciertos elementos del cuerpo como huesos y algunos órganos, afirmando que el cuerpo como entidad diferenciada y arrancada de su contexto, simplemente no existe. De ello no hay que concluir que los pulmones actúan como racimos de uva o los intestinos como plátanos, sino que la relación vital entre las entidades humanas y no humanas no se encuentran separadas en campos diferenciados y asimétricos como sociedad y naturaleza propia de la epistemología occidental.
foto1: Archivo de Malinowski
foto2: Bronislaw Malinowski, uno de los padres de la antropología contemporánea, "pasando piola" con semejante pinta, en la cultura oceánica.
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