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19 de diciembre de 2014

Dilemas del desarrollo.


Una metáfora intenta captar lo que está pasando. Estamos todos en un barco, en medio de la tormenta perfecta. En el cuarto de máquinas disputan intensamente políticos, científicos, dirigentes sociales, funcionarios, partidos políticos… Todos tienen ideas sobre cómo enfrentar la dificultad. Tan ocupados están en su debate que no perciben que el barco se hunde. Pero la gente, en cubierta, se da cuenta claramente. Algunos, con sesgo individualista, saltan del barco y se ahogan. Los demás se organizan y en pequeños grupos construyen botes y balsas y empiezan a alejarse del barco. Surgen pronto mecanismos para articular los empeños, hasta que descubren que están en medio del archipiélago de la convivialidad… Observan, a la distancia, cómo sus supuestos ‘dirigentes’ se hunden junto con el barco.
Gustavo Esteva. Más allá del desarrollo: la buena vida.


Si el triunfo total de una ideología es no ser percibida como tal, el desarrollo viene siendo un buen ejemplo de ello desde el 20 de enero de 1949*. A tal punto que en el influyente The development dictionary se hace un extraordinario esfuerzo por analizar pieza a pieza, los elementos que forman parte esencial de su engranaje: Estado, Mercado, Planificación, Recursos, Progreso, Producción, etc.

Y sin embargo, hasta el día de hoy, a pesar de ser denominado como un concepto en agonía, se encuentra extendido en el sentir y pensar de amplios sectores sociales. Es tal el nivel en que se ha vuelto efectivo este vocabulario, que cualquiera que lo ponga en duda es visto con ojos de reprobación.

Una de las principales razones que existe para rechazar su uso y aplicación consiste en analogarlo a la distinción clásica de siglos precedentes y que alcanzó un esplendor en parte importante del siglo XIX. La división entre civilización y barbarie, sirvió para distinguir a las masas e incorporarlas a un proceso de transformación sumamente violento. Los mapuche en el sur y yaganes y selknam en territorio austral comprendieron que las ideas de civilización se erigían en oposición a sus mundos de vida y prácticas cotidianas. La barbarie, como simbolización del atraso, la falta de higiene, incapacidad de producir riqueza y escasa capacidad intelectual, operó como un nudo de prejuicios que legitimó matanzas, apropiación de territorios y recursos que llevaron a varios pueblos a su total desaparición.

Esta división, era también una justificación para que –una vez identificado todo lo negativo como sinónimo del mundo indígena— se creara la percepción de que el mundo social del chileno, como continuador de las estructuras políticas, económicas y sociales de lo europeo, se mostrara como espacio de lo civilizado, produciendo políticas de transformación totalizadoras. La alteridad de lo indígena, derivó en un completo rechazo a su mundo de vida, significaciones y valores.

Este punto hay que entenderlo en toda su profundidad, ya que desde que existen los fenómenos de contacto y según la naturaleza contradictoria que suponen las diferentes formas de concebir el mundo desde el plano de lo occidental y lo indígena (Viveiros de Castro, 2002) ya no vemos ninguna posibilidad de que éstos últimos puedan asumir su condición movilizando sus cosmovisiones de manera total y efectiva, en particular porque la condición del capitalismo como "descodificación" creciente de todas las significaciones, no puede ser compatible con el sistema de codificación más estable de estas últimas. Creo que el análisis de Deleuze sobre la naturaleza axiomática del capitalismo, sumado al análisis de la codigofagia que propone Bolívar Echeverría para los fenómenos de contacto y mestizaje entre lo indígena y lo imperial español y estatal latinoamericano, representan dos enormes fuentes de claridad,  entendiendo que las relaciones de combinación de códigos y subcódigos que emergen del mestizaje, brotan de la violencia inherente a todo contacto con elementos alternos, en donde el código europeo que devora los restos del código prehispánico es comido al mismo tiempo por los códigos sobrevivientes de lo indígena.

Lo anterior para entender que las propuestas de alternativas al desarrollo construidas por el movimiento indígena no pueden ser leídas como un retorno a un mundo de pre-contacto tendiente a esencializar y estereotipar lo propio como algo que se encuentra más allá de las transformaciones del tiempo, caracterizado como lo bueno de por sí. Por lo general la mayoría de las propuestas indígenas van de la mano con un proceso de descolonización general, un pedido de autonomía política, autodeterminación y control territorial que mira hacia la cosmovisión propia como reservorio de futuras prácticas a la vez que como fuente para instaurar nuevos modelos de producción. Dos ejemplos en este campo pueden ser decisivos para describir la importancia de la propuesta indígena: la diferencia frente a lo occidental en la concepción del ciclo de vida/tiempo, circular en oposición a la linealidad europea y una concepción radicalmente opuesta de la naturaleza y sus vínculos con lo humano (perspectivismo y multinaturaleza según Viveiros de Castro).

Actualmente el concepto de desarrollo, reproduce la lógica de transformación totalizadora, en la cual una nueva división internacional económica traza las fronteras de los mundos entre desarrollados y subdesarrollados (actualmente denominados “en vías de desarrollo”). Esta división jerárquica sitúa la posición de las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales de los países desarrollados como cúspide sociocultural hacia el cual la multitud heterogénea de países ‘sub’ debe llegar a alcanzar, y para ello estarán obligados a transitar y reproducir una enorme cantidad de políticas de ajuste emanadas por variados organismos internacionales, dominados todos por representantes del Norte Global (un ejemplo de ello es la tradicional repartición del Banco mundial para los EE.UU. y el Fondo Monetario Internacional para la UE).

La capacidad totalizadora de la empresa cultural del desarrollo se orienta fundamentalmente por una lógica economicista de concebir el territorio, los grupos humanos y sus recursos. Para ello existen multitud de políticas que se orientan por las ideas del progreso infinito, el crecimiento exponencial y la maximización de los recursos, esta cosmovisión del desborde, que anima la lógica esquizofrénica del capital como aquello que nunca se llena, ni se equilibra, entra en abierto conflicto con las cosmovisiones indígenas  y con la moderna ciencia del clima y los equilibrios ecosistémicos de la actualidad. Ejemplar para ilustrar la inviabilidad absoluta de este modo de vida es el hecho insoslayable de que si todo el planeta lo reprodujera, un solo planeta, simplemente, no bastaría. 


En el presente existen dos grandes líneas, como respuesta a los problemas que plantea el posicionamiento hegemónico del desarrollo, por un lado concurren una serie de propuestas tendientes a moderar la visión ilimitada del desarrollo de hace 3 ó 4 décadas, por una en la cual se asume cierta responsabilidad frente a la sociedad y el ambiente (ahí están el desarrollo sostenible, el capitalismo verde, la humanización del capitalismo, etc.); por otro lado se encuentra un abierto rechazo a la reproducción de este sistema cultural-económico que sitúan la cuestión del ambiente, la reproducción de la vida, el respeto con soberanía efectiva del mundo indígena o el decrecimiento como salidas impostergables para un mundo que climáticamente se encuentra en un atolladero.

El desarrollo alternativo es el núcleo de políticas que una antropología para el desarrollo moviliza a través de algunas ONGs, políticas de gobierno y cierto sector privado preocupado por el ambiente; por otro lado una búsqueda de alternativas al desarrollo son las líneas de acción practica que moviliza una antropología del desarrollo en la cual la crítica al funcionamiento del sistema, la deconstrucción de sus partes constituyentes, una defensa del lugar como resistencia a la globalización económica y un abierto rechazo a políticas que intentan monetarizar el mercado del clima para pagar por contaminar, parece ser la otra cara de una controversia en la cual una enorme cantidad de recursos y agentes se encuentran involucrados.


La sustentabilidad como proceso del modo de producción  sin perjuicio sobre el ciclo de regeneración del ambiente se muestra como el horizonte sobre el cual una serie de políticas de la naturaleza y una pesada diplomacia climática (la última fue la COP-20 de Lima) parecen estar negociando el difícil momento del capitalismo y su brazo ideológico de los últimos 60 años: el desarrollo.


*día y año en que el presidente Harry Truman declara en su discurso de investidura la localización de áreas "subdesarroladas". (Sachs, 1996).


Literatura recomendada:



Antropología del Desarrollo. Teorías y estudios etnográficos en América Latina. Varios Autores.

La agonía de un mito. ¿Cómo reformular el desarrollo? Especial de revista América Latina en Movimiento..

7 de noviembre de 2011

Sentido y micropolítica.

Una letra se acopla a un ritmo de variaciones que ejecutan una sintonía entre el conjunto que ellas conjugan (una música) y la persona que la escucha, la siente y las hace suyas, algo anda bien, el gusto lo aprueba y el sentido emerge.

La situación anterior describe partículas de sentido que inundan un espacio y son incorporadas por un cuerpo como componiendose junto a él. Pero lo anterior no nos describe la situación donde las personas se mueven en el mundo en función de encuentros que le permitan sostener que la vida -al fin y al cabo- tiene un sentido, hablando ampliamente.

Sentido es incorporación de partículas seleccionadas (no encuentro mejor palabra) que sólo en la medida que conforman una composición mayor, lo que se podría denominar un modo de vida, logran consolidar elementos heterogéneos que funcionan (hacen uno) dentro de un cuerpo.  Bajo esa mirada una persona no refleja el mundo (como totalidad), sino que estructura un mundo o para ser más precisos el mundo emerge con él y con ello se entienden las definiciones de la filosofía vitalista que enuncia que bajo ningún punto de vista somos seres, sino que somos maneras de ser posibles.

Las feministas saben bastante de esto, quizá no de la manera como lo expongo, sin embargo, hay tesis de estas agrupaciones en donde justo cuando las ciencias sociales hacían un viraje-esfuerzo por determinar una temática que estudiara los elementos estructurales, institucionales y funcionales sobre las sociedades y sus productos de regulación (macropolítica), dejaban de lado los elementos micropolíticos que actuaban simultáneamente dentro del tejido social. Ambas (macro y micro)  son dimensiones de un mismo movimiento que sólo encuentran "contradicciones" en las construcciones teóricas que obstinadamente las describen como antagónicas o no pertinentes para el estudio de una disciplina.

En unos post anteriores describimos al sentido como una producción, es decir, como algo que nuestro cuerpo-conciencia selecciona, combina, elabora y construye, es algo que sólo puede ser producido por uno mismo dentro de un contexto que nos determina como culturalmente mediados y contextualmente situados. Lo anterior nos permite entender la violencia sobre la cual toda formación de sentido tiene que transitar para poder elaborar un mundo propio que no esté condicionado material ni simbólicamente por restricciones que paralicen toda posible transformación (las morales, los rituales sociales, las creencias, las prácticas normalizadoras y en algunos casos las identidades).

Conciencia y sociedad se emsamblan únicamente cuando no estan atravesadas por el conflicto. La resistencia a los modelos de sociedad imperantes sólo son inteligibles para los subordinados, es decir, para los sujetos que padecen los efectos del poder, ya que el poder es invisible en su operar para aquél que posee los privilegios del poder; tómese como ejemplo las personas de piel blanca sobre las negras, los hombres sobre las mujeres, las clases dominantes sobre las dominadas, etc., en esas situaciones  los que ostentan los privilegios jamás se cuestionan su condición de privilegiados, ni sufren las consecuencias sociales bajo la forma del conflicto.  Lo anterior son resultados de un proceso vivido donde se manifiesta por un lado una historia (biografía) frente a las estructuras en las cuales se desenvuelve dicha experiencia, que al estar construidas jerárquica, disimetral y segregacionalmente, sólo pueden dar como productos cuerpos que habitan sociedades sin un contenido que les proporcione sentido ni vínculo positivo, es vida en resistencia.

El sentido tiene que ver con la capacidad de acceder al inconcsiente, que es el lugar donde el cuerpo ejecuta mayormente sus movimientos e intercambios sociales, es ahí donde se encuentran enquistadas recurrencias neuronales que al no tener un acceso pleno por parte de la conciencia impiden los procesos de autoobservación y de cambio que traería consigo acceder a dichas funciones. La idea de inconsciente no tiene mucho desarrollo dentro de las ciencias sociales en la actualidad y existen algunos autores (como Luhmann) que derechamente abandonan su uso por ser un concepto con nula capacidad explicativa.

Sentido tiene que ver además con las proyecciones de la persona dentro del mundo que habita, la capacidad que tiene ésta de situarse en un futuro posible y el sentido que lo informa. Pero hay que preguntarse porque el sentido tiene tan alta capacidad de fallar en la elaboración que afirma en cada nueva situación, la falla permanente forma parte de la experimentación que tarde o temprano permitirá ofrecer sentido/sin sentido como producto, y la experimentación es el concepto que permite ver a cada uno de los cuerpos como soberanos políticos de sus decisiones para vivir. Sobra decir que al igual que el sentido, la noción de cuerpo como posibilidad de soberanía son casos políticamente extraños, por lo general la educación desde la niñez se enmarca bajo situaciones de obediencia y dependencia en un contexto de subordinación permanente sin espacio para una ética de la transformación.

Ver la vida como política, es afirmar que hasta las creencias más profundas y extendidas dentro de la cultura que vive cada cual sólo son construcciones que se manifiestan como no construidas, productos de los cuales se han olvidado que lo son, símbolos que escapan al tiempo de la historia como articulador de posibles, historias que se manifiestan pesadamente como un fin, un lugar para detenerse y estabilizarse (hay que ver y leer como en grandes relatos míticos la estabilidad y el descanso eran metáforas de la muerte, también en filosofía política-vitalista Nietzsche lanza la acusación contra el budismo como forma de vida que abandona las fuerzas mismas de la vida, pulsión de muerte). Pero la vida y los procesos de construcción nuevos sólo responden a una violencia que les viene de afuera (sociopolítica), capaces de buscar sin descanso los elementos que podrán utópicamente responder que otra lógica y otro mundo son posibles, macro y micropolíticamente hablando y sobre todo trabajando.

30 de septiembre de 2011

Cambiar la percepción.

"Rompiendo el Tabú" es un documental brasileño que muestra la necesidad de iniciar un proceso serio de descriminalización de la droga, mediante un cambio en las nociones históricas que han construido a la droga como fuente única de enfermedad, descontrol y delincuencia. Una crítica a la criminalización comunicativa de las drogas articuladas por las agencias de poder estatal y su fracaso.

Ver --> http://terratv.terra.cl/entretenimiento/cine-y-tv/peliculas/4611-333416/rompiendo-el-tabu.htm

6 de septiembre de 2011

No se puede vivir del amor.

"El amor ha sido siempre el medio por el cual la libido alcanza otra cosa que la persona amada, a saber: todo un corte del campo social-histórico".     G.D.



Iniciar el PC, encender la TV, salir a la calle, son tres formas de acceder al flujo de la comunicación y sus significados sobre el conjunto de la experiencia. La densidad de información es tal que la antropología echa mano al concepto de símbolo para hacer visible lo invisible, los significados públicamente en circulación que afectan a los cuerpos y que tienen la capacidad de reunir microsignificados dispersos y condensar su sentido mediante una generalización, los símbolos como estructuras de significación son los que tarde o temprano le dan una trayectoria a la experiencia y permiten entender a la cultura como un sistema.


Lo importante de seguir aquí es que “la política es uno de los principales escenarios en que se desenvuelven públicamente estas estructuras” (Geertz, 1997: 264). La política no como lo político institucionalizado (partidos + congreso + ejecutivo), sino como lo que demanda una acción inmediata de lucha frente a lo estructurado. Los movimientos son actores sociales que perturban las instituciones precisamente porque no respetan las reglas y los códigos que regulan lo institucionalizado y sus rituales de reproducción, que son siempre medios de integración social a la vez que instrumentos a través de los cuales se perpetúan los intereses dominantes (Melucci, 1995: 5).

Generan prácticas nuevas que no reconocen la tradicional competencia política y que abandonan la racionalización guiada por la dirigencia, para poner en juego nuevas formas de participación y de burocratización.

La sociedad la leemos acá como un campo de lucha sistemática en torno a los significados que al ser públicos y transmitidos mediante comunicación reiterada, son capaces de regular la conducta y práctica de todos los participantes del proceso de comunicación, lamentablemente a un costo demasiado alto en el cual una gran mayoría se ve obligada a abandonar búsquedas individuales debido a que todo ha sido previamente dado e institucionalizado en formas reconocidas. La transgresión tiene un alto costo comunicativo y por lo general nunca escapan al sentido común, que dispone de códigos negativos que frenan la producción de dichas prácticas e impiden su proliferación masiva.

Todo lo anterior para decir que la vida en sociedad demanda una acción de resistencia y producción que sea capaz de generar una respuesta al flujo del sistema social bajo su modalidad que ordena dominando (un efecto de dominación del campo político hace creer que lo político es lo institucionalizado como político). El poder decía un viejo autor es incapaz de operar sin afectar a los cuerpos de tristeza, ya que es bajo esa modalidad afectiva en donde tienen su lugar la resignación, el desinterés político (individualismo liberal, culto narcisista), el gusto por las supersticiones o el apego a la moral, es el gusto por el...

31 de julio de 2011

Subversión/experimentación.

No le crea a nadie; Salga a caminar. (Graffiti).

"A fuerza de eliminar (...) entonces uno es como la hierba: ha creado una multitud, ha hecho de todo el mundo un devenir, puesto que ha creado un mundo necesariamente comunicante, puesto que ha suprimido de sí mismo todo lo que le impedía circular entre las cosas y crecer en medio de ellas" (Mil Mesetas).

Una de las razones de la ola de descontento social es precisamente la consolidación de una estructura social encargada de administrar descontentos a través de grandes cuerpos duales que cierran la participación (y por tanto la modificación misma de los estatutos del sistema) a otros actores.

Un grupo organizado en el poder no es cualquier cosa. Para empezar, la disputa permanente por los significados sociales que organizan lo social se ven instituidos en un sistema político a través de leyes que tienen por función naturalizar el significado y transformarlo así en eje de prácticas e interpretaciones sociales que regularizan las relaciones intersubjetivas mediante sedimentaciónes simbólicas, es decir, reducen la posibilidad de hacer vida a modelos y lineamientos empobrecidos, precarización de la vida, biopolítica.

El punto anterior es para extenderse dias enteros, pero en este blog preferimos dar la lata de manera resumida, así que voy al siguiente punto.

¿Cuál o cuáles debiesen ser la respuesta  ante dicho plan estructural? Aquí la subversión juega un papel estelar, ésta sólo es completada efectivamente mediante la experimentación que le acompaña. Es muy difícil encontrar a personas que estén experimentando consigo mismas, ya sea de manera individual o comunitaria, por lo general la estructuración de la vida, culturalmente mediada, reduce el devenir de la misma a una serie vasta y compleja de rutinizaciones (siempre las mismas palabras, los mismos gestos, las mismas interpretaciones... todo conduce al hastío). La subversión + experimentación es a vez la destrucción y realización de nuevos deslizamientos que permiten al cuerpo fugarse de la matriz normativa de normas que limitan al deseo a una trayectoria predeterminada (el género), la inteligencia a un reducido repertorio de ideas (la ideología),  la imaginación  a un conjunto de imágenes y modelos por anhelar y el afecto y su potencia ante la efectividad del símbolo. El resultado es la alienación del ser humano, el condicionamiento del sujeto  a un conjunto de patrones socioculturales, la incuestionabilidad de la cultura y el dominio de la tristeza (entendida al ritmo de Spinoza).

Si se tienen esos aspectos (y muchos más) en mente se comprenden las palabras de Nietzsche sobre las posibilidades y las virtudes del olvido ("dejar atrás es perfecto") y es que precisamente las ciencias cognitivas describen al olvido como una liberación de energía que permite reintroducir nuevas dinámicas al sistema que lo rearticulan. En ese mismo sentido se explicitaba Foucault en la práctica de la ascesis, no como un apartarse del mundo, sino como un continuo y constante trabajo sobre uno/a mismo.

El trabajo de eliminación es el principio de una verdadera experimentación y subversión corporal (o social) que ponen en juego las condiciones de la vida y la entrada en zonas donde la selección no se reduce únicamente a reproducciones  del mundo social imperante, sino a búsquedas que otorgen algún sentido, y es que, tal como decía Deleuze y Luhmann el sentido no es algo que uno encuentre con el kioskero, al sentido hay que producirlo... y ¿qué saben de eso los políticos y partidarios del sistema?



24 de julio de 2011

Los Chacarilla Boys (o de la amnesia Chilena).

                                                                                 

                                                                                    Por: José Bengoa.
  No hay peor enfermedad social que la falta de     memoria histórica. Chile la sufre de modo agudo. El 9 de julio de 1977 un grupo de 77 jóvenes nacionalistas de extrema derecha subió al cerro Chacarillas, al lado del San Cristóbal, en el acto más fascista de todos los tiempos de este país. Emulaban a los 77 soldados de La Concepción en la guerra con el Perú. Bosques de banderas y antorchas al más puro estilo del nazismo hitleriano iluminaban la noche de invierno. Pinochet en un momento de inspiración arrebatadora leyó su famoso discurso. “Mi corazón de viejo soldado -decía- revive con profunda emoción el coraje insuperable de Luis Cruz Martínez… y los 76 …., que en plena soledad de la sierra peruana supieron demostrar, con la entrega de sus vidas, que nuestra Patria y los valores permanentes del espíritu están por encima de cualquier sacrificio personal que su defensa pueda demandar”. Delirio en el cerro de Santiago.

En esos mismos días eran torturados en el “Palacio de la Risa”, así llamada la Villa Grimaldi, miles de chilenas y chilenos. Se las violaba, aterrorizaba, y luego se las iba a tirar al mar, como a Marta Ugarte, una de las primeras que en esos mismos días apareció flotando en las playas de Longotoma. Mientras los jóvenes subían en medio de antorchas, los gritos de horror se escuchaban en los subterráneos del poder entusiasmado. “…Las limitaciones excepcionales que transitoriamente hemos debido imponer a ciertos derechos, han contado con el respaldo del pueblo y de la juventud de la Patria, que han visto en ella el complemento duro pero necesario para asegurar nuestra Liberación Nacional”, dijo el General en medio de los aplausos de los jóvenes patriotas en medio de la noche de Chacarillas.

“El complemento duro pero necesario” da escalofríos y ganas de vomitar. Todos y todas quienes allí estaban sabían muy bien a qué se refería el General. Era explícito.

¿Quiénes subieron a Chacarillas? Ayer fue el cambio de gabinete. El listado de El Mercurio de la época señala el número 15 de los valientes: Andrés Chadwick, hoy Ministro Vocero de Gobierno; número 38, Cristián Larroulet, Ministro del triunvirato de La Moneda; y 39, Joaquín Lavín, defenestrado Ministro de Educación y resucitado Ministro de Planificación Nacional. La lista es larga y sería un ejercicio de “buena memoria” publicarla con letras de molde. El número 47 es el actual Presidente de la Cámara de Diputados, y el número 20 es el dueño de la Universidad San Sebastián, emblemático modelo de lo que debe ser la educación universitaria “con fines de lucro”. El número 17 se reía ayer a mandíbula batiente en La Moneda al ver cómo sus “Chacarillas Boys” se tomaban finalmente La Moneda, en el asalto al Poder, que esa noche lluviosa del invierno del 77, los 77 cabalísticamente (como es propio de los fascismos corrientes) habían prometido solemnemente. Juan Antonio Coloma, se llama.

Ninguno de estos “Chacarilla Boys” ha hecho autocrítica alguna ni pedido perdón, han pasado “colados” en medio de las tormentas. “No sabían” es lo que más mentirosamente han tratado de balbucear. ¿Qué no sabían? Todos los que vivíamos en Chile lo sabíamos detalladamente. ¿Usted, Presidente Piñera, no sabía y no sabe a quiénes está metiendo en La Moneda?

¿Nadie se acuerda cómo sacaban a miles de personas en las madrugadas de ese año 77 a alguna cancha de fútbol a las seis de la mañana, congelada, y les pegaban, los fichaban, los denigraban y dejaban como estropajos? ¿Nadie se da cuenta que aplastaron un siglo de luchas obreras con el terror? ¿Nadie se acuerda que el próximo Ministro del Bienestar Social escribió el panfleto más deleznable de nuestra historia literaria, “La Revolución Silenciosa”? ¿Por qué no lo vuelven a publicar?

Pero lo peor es la confusión ideológica del momento… de los que alguna vez estuvieron en el lado de los antiguos perdedores. Hay quienes han dicho y siguen diciendo que ya la derecha no es la misma. Que Piñera es una nueva derecha. Se les fundió la memoria. Hay otros, de la otra banda, que acaban de decir que en Chile hay “dos derechas”. Con respeto personal, pero andan más perdidos que el Teniente Bello. Muy triste. Hay que decirlo, los antiguos perseguidos también lo confunden todo. Sin embargo, los errores, desvaríos, soberbias, silencios, complicidades, de un Ricardo Lagos o una Michelle Bachelet, no tienen ni un punto de comparación con lo que se vivió en esos días y que fue aplaudido por las actuales autoridades del país.

Escucho desde mi mente deprimida los lejanos aplausos en Punta Peuco. En Bucalemu un difunto se da vueltas de alegría en su tumba. Los fantasmas están presentes, más que nunca. Gozan de buena salud. Se ríen con su sonrisa regordeta y a todo color digital de la historia trágica de nuestro país.

Y no me critiquen a los cabros que agarran piedras y destrozan el “mobiliario urbano” del alcalde de Santiago. Cuando no hay espacio para la memoria y las razones, sólo hay piedras. Quizá ahí está la memoria de los hijos de quienes sacaron a la mala en las noches heladas del 77, mientras otros subían en medio de antorchas y cánticos patriotas a Chacarillas.

Vergüenza me da. Vergüenza de ser chileno.

7 de julio de 2011

Libro: Producir para vivir, los caminos de la producción no capitalista.

Libro que reúne los trabajos de diversos sociólogos y antropólogos del hemisferio Sur. Destacan los aportes de varios trabajos brasileños e indios. Coordinado por Boaventura de Sousa Santos (Doctor en sociología, Yale), se examinan en detalle prácticas sociales de producción comunitarias basadas en experiencias reales de participación y cooperación social de trabajadores para la producción de bienes y artefactos alternativos al régimen de producción capitalista. Especial énfasis puesto en las cooperativas exitosas (como Mondragón) del primer y tercer mundo y de sus consecuencias inmediatas en los aspectos sociopolíticos olvidados por el capitalismo contemporáneo como son: la solidaridad, la alta participación democrática de los trabajadores en las decisiones de la empresa, relaciones sociales horizontales, distribución homogénea de los beneficios económicos, etc.
Este libro llena un vacío enorme que se refleja en la abundante bibliografía crítica sobre los patrones y mecanismos sociales dominantes y la (más escasa) activación de prácticas y pensamientos de resistencia colectivos como modos de existencia.

7 de junio de 2011

La circularidad del mundo, el juicio.



Las utopías son luchas que ocurren en el presente por el significado del futuro
Paul Ricoeur.

Creo que no existe ninguna enseñanza más difundida (independiente de la cultura y la clase social en la cual uno se clasifique o sea clasificado) en el mundo entero, hoy y ayer que el hábito social de juzgar a los existentes. No paramos de juzgar gestos, signos, formas, líneas, tonos, escritos... El rostro y su extensión son infinitas formas de sostener la existencia y su más contemporánea enfermedad, la interpretación, a través de la cual la tradición se impone como tal.

Vivimos inmersos, sumergidos segundo a segundo en un mundo de signos que inundan el espacio. La consecuencia inevitable de vivir es encontrarse con signos (un libro, una calle, una mujer, una canción...) que tienen un efecto inmediato en el alma. El alma (y perdónenme que use esta palabra) sólo sostiene las cosas y cuerpos que entran a su encuentro mediante las ideas que es capaz de formarse de los mismos, pero socioantropológicamente se sabe que dichas ideas son producto de la interacción social, dicho proceso de socialización inconciente provee de juicios que son interiorizados sin mayor filtro por el cuerpo para que éste pueda operar lo más económicamente posible en el mundo. Así se entiende al conjunto de ideas enunciadas por conceptos como "dispositivos de conocimiento", "tecnologías de la cultura" o la vieja y señera noción de "aculturación".

Los procesos cognitivos de apropiación (internalización) de discursos sociales (comunicaciones) que dan forma a la idea general de cultura, (como sistema de símbolos) no nos dejan muy claro hasta que punto la cultura misma, como sistema de coordenadas interceptadas por los sujetos a través del sentido, no es al mismo tiempo que la fuente de la estabilidad (el arraigo, la identidad), la fuente de las más feroces crisis de conciencia y sentido entre un cuerpo, que ha caido en la trangresión de la norma (un homosexual, lesbiana, drogadicto, minusválido, etc.) y su incapacidad para encontrar recursos -más allá de los sociales- que le permitan enfrentar el quiebre que significa el ideal social a representar y el papel representado.

Sabiendo que por el juicio sólo alcanzamos direcciones prefabricadas que desmenuzan al mundo inmediato, asignando identidades que fijan los elementos, distribuyendo secuencias previamente distribuidas por el ethos de clase/cultura, realimentamos una vieja y prejuiciosa norma de toda sociedad, la cual predica que lo bueno encuentra su lugar en la tradición. Es a través del juicio (poblado de sus valores pre-existentes) que nos impedimos de ver lo original de un cuerpo u obra y hasta de poder presentir la creación de un nuevo modo de existencia, tan necesario en este tiempo. El juicio frena la experiencia y la llegada de nuevas formas mediante reactualizaciones de lo mismo.
Habrá que desprenderse de la idea reaccionaria enunciada por diversos agentes, según la cual, la utopía ya no existe.

4 de junio de 2011

videorama.


1.- The Secret Powers Of Time        
         Philip Zimbardo

2.- The Crisis of Capitalism.           
        David Harvey

3.- The Empathic Civilization.       
        Jeremy Rifkin

4.- Changing Paradigms.                      
        Ken Robinson


Nota: Estas son extracciones breves de conferencias dictadas en la RSA, para mayor profundización se puede recurrir a las charlas completas, en algunos casos (como la "Civilización Empática") se encuentran las conferencias totales traducidas al español.

24 de mayo de 2011

Callejear.

Dice un papel escrito con tinta verde,
que teniendo paciencia todo se alcanza
                                                 Violeta P.


Uno siente que de tanto en tanto aflora un período de trastornos y revueltas que purgan por revolucionar las estructuras simbólicas que administran rígidamente a toda formación social. Desde la historia han sido descritas como las épocas primaverales de la secuencia espacio/temporal humana. Dichas secuencias (son destellos) se caracterizan por una movilización de las comunicaciones en la calle misma. Porque a pesar de que los diarios y analistas políticos no se cansan de repetir que las redes de comunicación social (Twitter y Facebook) han propiciado una coordinación sorpresiva y efectiva de un alto número de personas en la participación de las movilizaciones, no hay que olvidar que, en última instancia, éstas se materializan en la práctica de manera voluminosa en la toma e intervención de las calles y avenidas simbólicamente asociadas al centro del poder político del estado-nación.

Si estos movimientos consisten en la invocación de 'desafíos simbólicos' (exigencias de cambio) que resquebrajan la continuidad (el orden) del espacio de poder sociopolítico del Estado, y si, como bien se sabe estas prácticas sucitan una tensión y resistencia de los aparatos del estado a los procesos de movilización de actores, tendremos que preguntarnos cuánto tiempo más las políticas del desarrollo económico occidental (y las prácticas/simbolos enlazadas a ella) definidas como Capitalismo  pondrán soportar las demandas de dignidad e igualdad que por años el discurso dogmatico de la versión neoliberal actual logró anestesiar (directa e indirectamente) con ideas absurdas (como la noción de término de la historia) o el llamado al cuco simbólico más universal del relato económico del norte: ese que dice que si no seguimos los mandamientos bíblicos del progreso, ponemos en jaque la existencia misma de la sociedad en su camino al bienestar.

Habrá que tensionar el arco al máximo para desbaratar y desestabilizar las partículas de sentido que en su conjunto sostienen una inmensa red estructural de comunicaciones que organizan al espacio social como un lugar para dominar. Al contrario  las organizaciones políticas e instituciones de poder buscan encauzar todo descontento social a través de un saber técnico (universidades incluidas) que les otorgue sentido, una forma y un límite determinado a una cosa que de entrada los descoloca, sin esas tecnologías, sin esos mecanimos de codificación a través de los cuales realizan un marcaje, no tan sólo de los fenómenos sociales, sino también de las personas mismas, las relaciones de fuerza estarían altamente mediadas por el conflicto, a través de ellas se prepara y construye una maquinaria social que permite administrar dichas clasificaciones y reordenar signos dispersos en función de nuevos códigos dispuestos para la manipulación sociopolítica.

Un movimiento social se juega toda su potencia en la voluntad e intensidad que es capaz de movilizar, porque a pesar de que el tiempo juegue en su contra y las instituciones sociales se esfuercen en delimitar, el sólo hecho de constituirse como movimiento hace posible la visibilidad de un(os) problema y de agentes dispuestos a transitar sobre el drama de toda formación social, lo desconocido en movimiento.