17 de septiembre de 2010

Matrioska

Hay veces en que las personas de la Tevé, al verse en una posición comunicativa-social privilegiada, donde sus opiniones se presentan a sí mismas como los hechos irrefutables, y se legitiman por lo tanto como la realidad misma, caen bajo una arrogante ceguera ideológica disfrazada de objetividad periodística (o sociológica para el chascón pedante de esta pandilla). Pero en este caso, hace algunos domingos para algunos panelistas del programa Tolerancia Cero de Chilevisión (el video está posteado más abajo), el tema les quedó grande. Como poncho. Se acostumbraron a conversar con personajes su misma especie, con los mismos recursos  discursivos y un "sentido común"  bien común pertenecientes a los lugares comunes. Pero en lo que se refiere al denominado conflicto mapuche (en realidad, la mayoría de los conflictos sociales y culturales tienen su genésis y apocalipsis en el estado, pero bueno) se toparon con una campo de análisis nuevo, y les dio miedo cruzar ese campo: la generalización descontextualizada chocó con la particularidad del contexto, y ante ello, ante el temor a lo des-conocido (y por lo tanto peligroso, y si son ideas-otras más aún) no cabe más que negar, ironizar y negar nuevamente. La honestidad de reconocer  la propia ignorancia parcial (tampoco son tan tontos) o ciertos sesgos y errores cometidos en un análisis no parecen ser aquí un ingrediente del debate. No. Aquí se viene a meter a la fuerza los datos del invitado al análisis del anfitrión-opinólogo. Todo tiene que encajar. Y si no lo hace, pues algo malo hay en el invitado. No puede ser de otra forma. Ellos encarnan la realidad. Y punto.

Lo interesante del episodio, es que ejemplifica cual es el obstáculo en el que radica el abordar el conflicto mapuche, ya sea desde lo jurídico, lo moral, lo científico o lo que sea: el no entender que los fenómenos sociales ante todo son históricos, particulares, locales, coyunturales. De lo que se desprende que su análisis debería ir en la misma línea, o por lo menos considerándolos como parte de los principales factores. Y quizás en estas características de lo social radica las tendencias a la descolonización y autonomía de los distintos pueblos del mundo desde la caída del Antiguo Régimen (que mejor que estas fechas como recordatorio). Porque así como las sociedades que aún siguen encerradas en la soberanía de los estado-nación, hasta la última muñeca de la matrioska querría ser libre y dejar de estar contenida e invisibilizada en las otras: solo quiere ser ella misma, independiente e igual a las otras. Por lo tanto diagnosticar desde las torres de vigilancia del Estado (la mayúscula no es casual; es el monstruo bíblico por excelencia, naturalizado y naturalizador) con herramientas de análisis adaptadas para la auto-referencialidad es un absurdo.La muñeca grande de la estado-matrioska naturaliza su contenido y generaliza sus problemas en tanto ella misma y a la amenaza a su propia reproducción, jamás como síntomas particulares y contextualizados a las muñecas que contiene y que buscan salir. Pero bueno, hasta esta metáfora le sacaría una carcajada rabiosa al "realista" de Villegas. "Las matrioskas abundan en casas de reaccionarios" sería probablemente su elusiva sentencia.

En fin, esperemos que  persista el debate sincero para la acción emancipadora y no el prejuicio dogmático institucionalizado para la conservación represora.

Aquí el video en cuestión para que revise y de paso entienda algo de lo quize decir. Y si tiene una matrioska en casa... ¡desármela desde ya!

Salud.

2 de septiembre de 2010

en éxtasis.



"No sentimos inclinación por algo porque consideremos que es bueno, sino que consideramos que es bueno porque sentimos inclinación por él"

Ética, III, 9. Spinoza

30 de agosto de 2010

se pasa el dato!



Cátedra: Edward Said; La Ideología de la Dominación Imperial.

¿Dónde? ---> U. Arcis, Libertad 53, stgo centro.
¿Cuando? --> Martes 31 de agosto, 18:00 a 21:30 horas.
¿Temas? ---> Conflicto Palestino-Israelí, Pensamiento de Said e Ideología Colonial.
Más info. ---> www.uarcis.cl

26 de agosto de 2010

FANON: Conclusión de "Los condenados de la tierra"

Compañeros: hay que decidir desde ahora un cambio de ruta. La gran noche en que estuvimos sumergidos, hay que sacudirla y salir de ella. El nuevo día que ya se apunta debe encontrarnos firmes, alertas y resueltos.

Debemos olvidar los sueños, abandonar nuestras viejas creencias y nuestras amistades de antes. No perdamos el tiempo en estériles letanías o en mimetismos nauseabundos. Dejemos a esa Europa que no deja de hablar del hombre al mismo tiempo que lo asesina dondequiera que lo encuentra, en todas las esquinas de sus propias calles, en todos los rincones del mundo.

Hace siglos que Europa ha detenido el progreso de los demás hombres y los ha sometido a sus designios y a su gloria; hace siglos que, en nombre de una pretendida "aventura espiritual" ahoga a casi toda la humanidad. Véanla ahora oscilar entre la desintegración atómica y la desintegración espiritual.

Y sin embargo, en su interior, en el plano de las realizaciones puede decirse que ha triunfado en todo.
Europa ha asumido la dirección del mundo con ardor, con cinismo y con violencia. Y vean cómo se extiende y se multiplica la sombra de sus monumentos. Cada movimiento de Europa ha hecho estallar los límites del espacio y los del pensamiento. Europa ha rechazado toda humildad, toda modestia, pero también toda solicitud, toda ternura.

No se ha mostrado parsimoniosa sino con el hombre, mezquina, carnicera, homicida sino con el hombre.
Entonces, hermanos ¡cómo no comprender que tenemos algo mejor que hacer que seguir a esa Europa?
Esa Europa que nunca ha dejado de hablar del hombre, que nunca ha dejado de proclamar que sólo le preocupaba el hombre, ahora sabemos con qué sufrimientos ha pagado la humanidad cada una de las victorias de su espíritu.

Compañeros, el juego europeo ha terminado definitivamente, hay que encontrar otra cosa. Podemos hacer cualquier cosa ahora a condición de no imitar a Europa, a condición de no dejarnos obsesionar por el deseo de alcanzar a Europa.

Europa ha adquirido tal velocidad, loca y desordenada, que escapa ahora a todo conductor, a toda razón y va con un vértigo terrible hacia un abismo del que vale más alejarse lo más pronto posible.

Es verdad, sin embargo, que necesitamos un modelo, esquemas, ejemplos. Para muchos de nosotros, el modelo europeo es el más exaltante. Pero en las páginas anteriores hemos visto los chascos a que nos conducía esta imitación. Las realizaciones europeas, la técnica europea, el estilo europeo, deben dejar de tentarnos y de desequilibrarnos.

Cuando busco al hombre en la técnica y el estilo europeos, veo una sucesión de negaciones del hombre, una avalancha de asesinatos.

La condición humana, los proyectos del hombre, la colaboración entre los hombres en tareas que acrecienten la totalidad del hombre son problemas nuevos que exigen verdaderos inventos.

Decidamos no imitar a Europa y orientemos nuestros músculos y nuestros cerebros en una dirección nueva. Tratemos de inventar al hombre total que Europa ha sido incapaz de hacer triunfar.

Hace dos siglos, una antigua colonia europea decidió imitar a Europa. Lo logró hasta tal punto que los Estados Unidos de América se han convertido en un monstruo donde las taras, las enfermedades y la inhumanidad de Europa han alcanzado terribles dimensiones.

Compañeros: ¿No tenemos otra cosa que hacer sino crear una tercera Europa? Occidente ha querido ser una aventura del Espíritu. Y en nombre del Espíritu, del espíritu europeo por supuesto, Europa ha justificado sus crímenes y ha legitimado la esclavitud en la que mantiene a las cuatro quintas partes de la humanidad.
Sí, el espíritu europeo ha tenido singulares fundamentos. Toda la reflexión europea se ha desarrollado en sitios cada vez más desérticos, cada vez más escarpados. Así se adquirió la costumbre de encontrar allí cada vez menos al hombre.

Un diálogo permanente consigo mismo, un narcisismo cada vez más obsceno, no han dejado de preparar el terreno aun cuasidelirio, donde el trabajo cerebral se convierte en sufrimiento, donde las realidades no son ya las del hombre vivo, que trabaja y se fabrica a sí mismo, sino palabras, diversos conjuntos de palabras, las tensiones surgidas de los significados contenidos en las palabras. Ha habido europeos, sin embargo, que han invitado a los trabajadores europeos a romper ese narcisismo y a romper con ese irrealismo.

En general, los trabajadores europeos no han respondido a esas llamadas. Porque los trabajadores también se han creído partícipes en la aventura prodigiosa del Espíritu europeo.

Todos los elementos de una solución de los grandes problemas de la humanidad han existido, en distintos momentos, en el pensamiento de Europa. Pero los actos de los hombres europeos no han respondido a la misión que les correspondía y que consistía en pesar violentamente sobre esos elementos, en modificar su aspecto, su ser, en cambiarlos, en llevar, finalmente, el problema del hombre a un nivel incomparablemente superior.

Ahora asistimos a un estancamiento de Europa. Huyamos, compañeros, de ese movimiento inmóvil en que la dialéctica se ha transformado poco a poco en lógica del equilibrio. Hay que reformular el problema del hombre. Hay que reformular el problema de la realidad cerebral, de la masa cerebral de toda la humanidad cuyas conexiones hay que multiplicar, cuyas redes hay que diversificar y cuyos mensajes hay que rehumanizar.

Hermanos, tenemos demasiado trabajo para divertirnos con los juegos de retaguardia. Europa ha hecho lo que tenía que hacer y, en suma, lo ha hecho bien; dejemos de acusarla, pero digámosle firmemente que no debe seguir haciendo tanto ruido. Ya no tenemos que temerla, dejemos, pues, de envidiarla.

El tercer Mundo está ahora frente a Europa como una masa colosal cuyo proyecto debe ser tratar de resolver los problemas a los cuales esa Europa no ha sabido aportar soluciones.

Pero entonces no hay que hablar de rendimientos, de intensificación, de ritmo. No, no se trata de volver a la Naturaleza. Se trata concretamente de no llevar a los hombres por direcciones que los mutilen, de no imponer al cerebro ritmos que rápidamente lo menoscaba y lo perturban. Con el pretexto de alcanzar a Europa no hay que forzar al hombre, que arrancarlo de sí mismo, de su intimidad, no hay que quebrarlo, no hay que matarlo.
No, no queremos alcanzar a nadie. Pero queremos marchar constantemente, de noche y de día, en compañía del hombre, de todos los hombres. Se trata de no alargar la caravana porque entonces cada fila apenas percibe a la que la precede y los hombres que no se reconocen ya, se encuentran cada vez menos, se hablan cada vez menos.

Se trata, para el Tercer Mundo, de reiniciar una historia del hombre que tome en cuenta al mismo tiempo las tesis, algunas veces prodigiosas, sostenidas por Europa, pero también los crímenes de Europa, el más odioso de los cuales habrá sido, en el seno del hombre, el descuartizamiento patológico de sus funciones y la desintegración de su unidad; dentro del marco de una colectividad la ruptura, la estratificación, las tensiones sangrientas alimentadas por las clases; en la inmensa escala de la humanidad, por último, los odios raciales, la esclavitud, la explotación y, sobre todo, el genocidio no sangriento que representa la exclusión de mil quinientos millones de hombres. (Las tres cuartas partes del total en el momento en que esto se escribe)
No rindamos, pues, compañeros, un tributo a Europa creando estados, instituciones y sociedades inspirados en ella.

La humanidad espera algo más de nosotros que esa imitación caricaturesca y en general obscena.
Si queremos transformar a Africa en una nueva Europa, a América en una nueva Europa, confiemos entonces a los europeos los destinos de nuestros países. Sabrán hacerlo mejor que los mejor dotados de nosotros.
Pero si queremos que la humanidad avance con audacia, si queremos elevarla a un nivel distinto del que ha impuesto Europa, entonces hay que inventar, hay que descubrir.

Si queremos responder a la esperanza de nuestros pueblos, no hay que fijarse sólo en Europa.
Además, si queremos responder a la esperanza en los europeos, no hay que reflejar una imagen, aun ideal, de sus sociedad y de su pensamiento, por los que sienten de cuando en cuando una inmensa náusea.

Por Europa, por nosotros mismos y por la humanidad, compañeros, hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo. (Páginas 287 a 292)

22 de agosto de 2010

Camotera a Hegel por hacerse el divino y por ser entero longi!




“Podemos comprobar cómo veneraba Schelling la prueba ontológica, si nos fijamos en una extensa nota de la p. 152 del primer libro de sus escritos filosóficos de 1809 (...): cuán fácil es deslumbrar a los alemanes con audaces y enfáticas palabrerías. Pero otro vividor más desdichado, Hegel, cuya filosofastrería toda es una monstruosa amplificación de la prueba ontológica, ha querido defenderla contra la crítica de Kant, defensa de que la misma prueba ontológica se avergonzaría, si fuese capaz de avergonzarse.>> No se espere de mí que hable con respeto de gentes que han hecho despreciable la filosofía.”

Arthur Schopenhauer.


“¿por qué, cuando mis afectos son tristes es que mi potencia de actuar esta disminuida mientras que mi poder de ser afectado es cumplido? Es muy bella la manera como Spinoza ve a la gente. Y es todavía más bella cuando vemos las objeciones que le hace la gente, por ejemplo Hegel, ese débil. Cuando Hegel dice contra Spinoza: "¡ah! este nunca ha comprendido nada del trabajo de lo negativo", es perfecto, el trabajo de lo negativo es la mierda”

Gilles Deleuze.


“… una posibilidad de la verdad, detrás del célebre principio fundamental de la dialéctica, por el cual Hegel favoreció en otro tiempo la victoria del espíritu alemán sobre Europa –“La contradicción es el motor del mundo; todas las cosas se contradicen a sí mimas”-, pues somos, hasta en la lógica pesimistas”

Friedrich Nietzsche.

12 de junio de 2010

Todo muy lindo, todo muy Coca-Cola


By Leo

"La publicidad es la gran máquina de poder que inviste la libido de los sujetos para depositar en ellos los lineamientos de acción para satisfacer sus deseos. Es una máquina poderosa porque domina los conceptos dominables, es decir, el conjunto de imágenes sociales accesibles a todos, en las cuales establece relaciones de sentido altamente efectivas congregadas en torno al aparatoso cuerpo de clichés del cual se sirve, y en los cuales el conjunto de los sujetos se acompleja de manera inmediata, acarreando con ello la identificación inconsciente de las imágenes con el deseo que nos permite recrear el juego dispuesto por las imágenes ópticas-sonoras (bajo la forma de estructura de signos) bajo un sentido negativo, “el fascismo que nos hace amar el poder,  desear  esa cosa misma que nos domina y nos explota”(Foucault). La articulación del cuerpo publicitario otorga un “desencadenamiento de los comportamientos previsibles entre los individuos” (Deleuze) lo que hace del mundo un lugar habitable, perfectamente ajustado con los comportamientos fabricados por la maquinaria de la imaginería del capital. Una tarea indispensable es destruir, borrar al cliché y sus encadenamientos… "

3 de junio de 2010

¿Cómo estudiar la Interculturalidad?

Por Daniela Senn J.

Imaginemos que nuestra pretensión es acercarnos a otra cultura a través del estudio, que esperamos tocar parte del sentido que liga a ese grupo como pueblo, que una fracción de toda su urdimbre espera ser sacada a la luz, enfocada y develada. Nosotros, desde acá, escribimos sobre lo que sucede allá. Tanto nuestro sitio como al que intentamos hacer referencia ha mutado, y nos es imposible concebir un territorio como un espacio homogéneo. Así, cuando hablamos de la identidad –en el plano individual y grupal-, más allá de considerar el estado de conciencia, la diferencia y el sentido de pertenencia a un grupo, debemos recordar la situación de tránsito, de latente construcción y cruce cultural que llevará a estos grupos a no definirse de forma rígida o enmarcada, sino a través de esa significación en constante construcción.

La cultura, según Geertz (2003) es un sistema históricamente transmitido de significaciones contenidas en símbolos; es decir, un conjunto heredado de concepciones representadas simbólicamente, a partir de las cuales los hombres se comunican, perpetúan y desarrollan su conocimiento y sus modos de vida. Ahora sabemos que este sistema históricamente transmitido, ha traspasado las fronteras que los mismos individuos han creado, por lo tanto, la cultura pasaría a ser un fenómeno mucho más dinámico de lo que creemos.

Ya planteaba Anderson (en Barrera, 2000) la imagen de la nación imaginada, como una idea que nos hacemos de un territorio soberano del cual ni siquiera conocemos sus fronteras. Y ahora si le sumamos a esto que esa misma idea de nación, de territorio e identidad se verá permeada por los cruces culturales, ¿qué sucede?

Dentro de un mismo pueblo es necesaria la comunicación para la transmisión de la cultura. Ahora, cuando la comunicación se extiende y vamos al encuentro con el otro, debemos tener especial cuidado de no instalarnos en las autocertezas de nuestra propia cultura, ni tampoco caer en la convicción que somos los excluidos, los diferentes, forasteros que deben actuar con una solidaridad casi militante hacia el otro, asimilándose al otro para poder entrar en su grupo. Los cruces culturales no siempre conllevan a la asimilación, sino también al sincretismo, a la representación de la interculturalidad.

Muchas veces he temido verterme hacia el grupo que estudio y mimetizarme con ellos. Está claro que la interacción hará que adquiera algunos rasgos o ideas del otro, pero ese encuentro, en nuestro caso como cientistas sociales, no debe derivar en un reemplazo de nuestra propia cultura e identidad por la de los otros, ya que no debemos perder nuestro fin específico: sacar a la luz una parte del otro que permanece en las sombras, no volverse hacia esa oscuridad y permanecer ahí, sin comunicar lo que hemos aprendido.

Ahora si vamos a nuestra disciplina específica, los antropólogos somos personas que alcanzamos legitimidad en tanto demostramos “haber estado allí”, pero nuestro texto, es decir, lo que comunicaremos a la comunidad lo hacemos “desde acá”. Eso si pensamos que la cultura que estamos estudiando está localizada en un espacio determinado, porque si nos volcamos hacia la interculturalidad, ¿podemos “estar allí” si no tenemos claro cuál es ese sitio específico?, ¿existe un lugar para estudiar la interculturalidad?

Entonces, el viaje no es sólo una condición de la etnografía como estrategia, sino que es una condición de vida de las mismas culturas, es lo que las hace encontrarse, mezclarse y ver nacer nuevas formas de inventarse el mundo. Al estudiar la interculturalidad, nosotros estamos posicionados en el mismo lugar donde confluyen los cruces, existe una multiplicidad de sitios posibles donde anclar un estudio que involucre sincretismo.

Según Renato Rosaldo (En Canclini: 2004) la tarea de exhibir la identidad de alguna cultura debe hacerse como si se tratara de una venta de garaje, donde el antropólogo no trabaja con objetos nuevos o auténticos, sino con objetos usados y acepta que los usos forman parte de su valor. Es decir, debemos estar atentos a los elementos que encontremos de diversas culturas en algún sitio. Como si fuéramos por nuestra propia calle y nos encontráramos con casas de algún estilo particular, otras típicamente alemanas, negocios donde venden desde cola cola hasta piñones, y personas que no necesariamente viven ahí, sino que pueden estar de paso y representar a otros barrios, a otros sectores.

Es necesario entonces que afinemos nuestra mirada, que no intentemos solamente captar una totalidad, una generalidad que sea capaz de explicar cómo está organizado un todo o cómo funciona ese sistema. Claramente es un estudio válido, pero si damos vuelta la vista, notaremos que existen muchas otras formas de estudiar la cultura, las cuales pueden tratarse de encontrar las excepciones, contar desde otra posición social lo que ya se ha dicho, entre tantas posibilidades latentes. Ahora, si vuelvo al negocio que ofrece piñores y coca cola, lo primero que puedo hacer es ver de dónde procede cada mercancía, cómo llegó hasta ahí, qué tipo de redes deben existir para que lleguen a nuestras manos. Nos encontraremos sin duda con un sinfín de historias que se cruzan.

Pero desplacémonos. Si viajáramos hasta un lugar un poco más lejano que la plaza de nuestra ciudad, por ejemplo España: No encontraremos ahí ciertamente sólo españoles con su cultura marcada. Va más allá de considerar las variaciones entre españoles, vascos y catalanes: debemos tomar en cuenta los contactos que existen con otros pueblos.

Mientras estudié el ateísmo de resistencia surgido en España a través de organizaciones ateas vigentes, pude notar que este fenómeno se da en esa zona no sólo por la historia manchada de sangre con la que carga la Iglesia Católica y la persistencia de reyes católicos, sino que este ateísmo organizado nace también por consecuencia de los cruces culturales con los que convive ese país. España es destino de inmigrantes tanto latinoamericanos, como africanos y musulmanes, y al emitir juicios de valor sobre las prácticas de esos individuos, o criticar su misma religión, basando parte de sus postulados en un repudio hacia el fundamentalismo –en el caso de los musulmanes-, se ha manifestado que a partir de esta interculturalidad, aparecen nuevos fenómenos sociales que antes no se habrían visto, además que se ha puesto en tela de juicio la tolerancia de un sector de la población española.

En sociedades mestizas como la nuestra, la interculturalidad es un tema a estudiar en sí, y además desde ella aparecen nuevos fenómenos a los cuales debemos prestarles atención. No significa que las culturas ya no tengan elementos distintivos o se asimilen completamente –como sucede con parte de la población indígena en Chile, quienes fueron obligados a renunciar a sus propias prácticas culturales y adoptar una nueva cultura- hasta llegar a un pastiche que las homogenice en vez de diversificarlas; lo que intento decir es que dentro del sincretismo se intercambian elementos de otras culturas y se re significan, a la vez que pueden conservar algunos rasgos que le es propia.

Los objetos de estudio de las ciencias sociales no pueden ser identidades separadas, ni culturas relativamente desconectadas, ni campos absolutamente autónomos: Se deben tomar como entidades en movimiento, dinámicas y en permanente construcción.

Ante tan alta ambición de estudiar la interculturalidad, la misma disciplina que se acerque a esto debe nutrirse de diversos campos. Martin Barbero (2005) plantea la necesidad de acercarse a estudiar distintos fenómenos desde disciplinas que estén abiertas a nutrirse de otras a través del diálogo. La interdisciplina nos permitiría unir en un mismo fin saberes que suelen trabajar por separado, mientras que la transdisciplina, mucho más ambiciosa, pretende formular nuevos saberes que converjan en un estudio particular.

Por la misma línea, Geertz plantea que las disciplinas son consideradas como géneros, los cuales –al igual que las culturas- se cruzan y mezclan tanto para complementarse, como por producto del desarrollo científico y la globalización. Los géneros ya no son definidos y enmarcados de una forma rígida, sino que transitan de uno en otro, tomando lo que pueda servirles y acomodándolo a sus necesidades explicativas.

De esta forma, la analogía se usa en ciencias sociales para aprehender el análisis, es decir, para captar eso tan intangible como algo tangible o al menos similar. Es así como se usan comparaciones con materiales adquiridos desde las artes, las ciencias duras, la ley, y así muchas disciplinas que se han ido encontrando para posibilitar la explicación de fenómenos. Esta búsqueda de analogías es al mismo tiempo “evidencia de la desestabilización de los géneros y del surgimiento del giro interpretativo; y su resultado más visible es un estilo modificado de discurso en los estudios sociales.”

No es que sea necesario una acumulación, un dilentantismo del conocimiento, eclecticismo, o compartir un sentimiento de hermandad con todas las disciplinas sin discriminar su pertinencia, sino que es el mero reconocimiento “de que las líneas que agrupan a los estudiosos en áreas intelectuales o, lo que es lo mismo, que los clasifican en comunidades diferentes, en los días que corren, poseen ángulos enormemente excéntricos.” Es decir, resulta imprescindible reconocer el aporte que otras disciplinas puedan hacer a la propia, además de los encuentros reiterados que se producen entre teorías, las cuales siempre van a tomar insumos de otras.

La misma ciencia debe aprender a validar otros tipos de conocimiento. Es decir, no porque nosotros no hayamos analizado científicamente el contenido de las letras del hip hop –por poner un ejemplo- eso significa que estas letras no tengan un contenido sustancial en la configuración de una ideología. El mismo autor de la letra es un investigador de su grupo social. Nuestro trabajo ahí sería interpretar su propia investigación.

Propongo, para lograr un proyecto transdiciplinario como el que soñamos, aceptar primero que nuestra propia condición, es decir, el lugar desde donde estamos posicionados escribiendo, nuestra perspectiva, es un producto del encuentro entre culturas. Nosotros mismos estamos permeados de diversidad, y una vez que aprendamos a ver la polifonía de cada fenómeno social, sabremos contar una historia.


Referencias
• Martin Barbero, Jesús 2005.- Transdisciplinariedad: notas para un mapa de sus encrucijadas. Ponencia en el Congreso Internacional “Nuevos Paradigmas Transdisciplinarios En Las Ciencias Humanas”, Universidad Nacional, Bogotá, Abril 7, 8 Y 9 De 2003 y publicado en el libro J. E. Jaramillo (comp.) Culturas, identidades y saberes fronterizos, CES, Bogotá, 2005 .
• Barrera, Andrés. 2000. Identidades, lenguas, ideologías. Una interpretación desde la antropología, en Lisón, Carmelo (ed.) 2000 Antropología: horizontes interpretativos, Universidad de Granada, Granada.
• García Cancini, Néstor. 2004. Diferentes, Desiguales y Desconectados. Mapas de la Interculturalidad. Gedisa. Barcelona.
• Geertz, Clifford. 1980. Géneros Confusos. La Reconfiguración del Mundo Social. American Scholar, vol. 49, N° 2, primavera de 1980, págs. 165-179.
• Geertz, Clifford. 2003. La Interpretación de las Culturas. Gedisa. Barcelona.