26 de enero de 2011
La administración del consumo.
23 de enero de 2011
Cuerpos Transexuales.
“Si usted quiere que en lugar de la institución oficial exista otra institución que pueda desempeñar las mismas funciones, mejor y de otro modo, usted está ya cogido en la estructura dominante”17 de diciembre de 2010
Vivir bien
Nota: Lea el enlace de un diario boliviano.
http://www.opinion.com.bo/29/08/2010/se-hace-cuestion-de-estado-decir-vivir-bien-o-buen-vivir/
25 de noviembre de 2010
El camino de la crisis de la universidad: la escolarización como fundamento de su extravío (preámbulo)
*Gonzalo García es Antropólogo de la Universidad Austral de Chile
(1) Fernando Robles. El desaliento inesperado de la modernidad molestias irritaciones y frutos amargos de la sociedad del riesgo. RilEditores. Santiago, 2008.
(2) http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/11/23/por-que-pinera-no-es-andres-bello/
22 de noviembre de 2010
Comprender el comprender*
"La sociedad siempre produce la represión del deseo en nombre de que la gente tiene necesidades y nosotros nos encargamos de satisfacerlas"Por lo tanto, los signos de malestar siguen presentes; falta encontrar una expresión legítima dentro del mundo político, reconocido en ciertas ocasiones a través de los delirios de la xenofobia y del racismo. Malestares no expresados y de vez en cuando inexplicables, que las organizaciones políticas, sin disponer de más explicaciones que la anticuada categoría de lo “social”, no pueden ni percibir ni asumir.
Las organizaciones políticas sólo pueden hacerlo a condición de extender esa visión estrecha de lo “político”, heredada del pasado y vinculada tanto a las reivindicaciones surgidas y llevadas a las plazas públicas por los movimientos ecológicos, antirracistas o feministas (entre otros), como a todas las esperanzas difusas que la gente tiene de sus identidades y sus dignidades. Por ahora, parece que surgieran de un orden privado, evidentemente enmascarado durante los debates políticos.
Una política realmente democrática debe poseer los medios para escapar a la alternativa de la arrogancia tecnocrática, que pretende hacer felices a los hombres, a pesar de ellos mismos, y de la renuncia demagógica que acepta, sin objeciones de ningún tipo, la realización de las peticiones del pueblo, manifiestas en las encuestas de mercado y las cifras de popularidad. El progreso de la “tecnología social” es evidente, pues bien se sabe que, por ejemplo, una demanda aparentemente actual es fácil de actualizar. Ahora, si una ciencia de lo social pudiera ampliar los límites de la simple técnica de sondeo —al servicio de todos los fines posibles—, correría el riesgo de convertirse en un instrumento ciego, propio a la forma racionalizada de la demagogia, y sería incapaz de luchar contra la tendencia de los políticos de satisfacer las exigencias más superficiales para asegurar su éxito, como haciendo de la política un disfraz del marketing.
Con frecuencia se compara la política con la medicina: para hacerlo, basta con releer los textos hipocráticos, como recientemente hiciera Emmanuel Terray. Una política consecuente no puede contener las informaciones registradas en las declaraciones que muchas veces resultan de una formulación inconsciente de sus efectos: “Los registros ciegos a los síntomas, y las confidencias de las enfermedades son realizados por todo el mundo. Si esto bastara para una intervención eficaz, no habría necesidad de médicos”. El médico debe descubrir las enfermedades menos evidentes; es decir, aquellas que precisamente un simple practicante no sabe “ni ver ni oír”. Y como las demandas de los pacientes son vagas e inciertas, los signos que el propio cuerpo emite son oscuros y se manifiestan sutilmente. Es entonces a través del raciocinio (logismos) que deben revelarse las causas estructurales que los buenos propósitos y los signos aparentes ni se imaginan.
Así, anticipándose a las lecciones de la epistemología moderna, la medicina griega afirmaba, desde un comienzo, la necesidad de construir el objeto de la ciencia por medio de una ruptura con las “pre-nociones”; en otros términos, las representaciones que los gentes sociales se hacen de su estado. Así como la nueva medicina se enfrenta a la competencia desleal de los adivinos, magos, charlatanes o “fabricantes de hipótesis”, las ciencias sociales hoy se enfrentan a todos los que se consideran hábiles para interpretar los signos más visibles de los males sociales, todos estos semi-hábiles armados de su “buen sentido” y de su pretensión, se precipitan a los periódicos o frente a las cámaras y dicen lo que el mundo social necesita, sin medios eficaces para conocerlo y comprenderlo.
De acuerdo con la tradición hipocrática, la verdadera medicina busca conocer las enfermedades invisibles; es decir, esos hechos que la enfermedad calla, de los que no se tiene conciencia o que se ha olvidado mostrar. De igual modo, una ciencia social debe preocuparse por conocer y comprender las verdaderas causas de enfermedad que no se expresan cotidianamente, sino a través de los signos sociales más difíciles de interpretar, evidentes sólo en apariencia. Pienso en los factores que desencadenan la violencia gratuita en los Estados u otros lugares, en los crímenes racistas o en los triunfos electorales de los profetas de la desgracia, prestos a explotar y ampliar las expresiones más primitivas del sufrimiento moral que son engendradas, más por la miseria y la “violencia inerte” de las estructuras económicas y sociales, que por todas las pequeñas miserias y las violencias moderadas de la existencia cotidiana.
Para superar las apariencias, en las que caen aquellos a quienes Platón llamaba los doxosophes, “técnicos de la opinión que se creen sabios”, sabios aparentes de la apariencia, es evidentemente necesario remontarse hacia las verdaderas determinaciones económicas y sociales de los muchos esperanzados en la libertad personal, legítima aspiración a la felicidad y a la realización de sí mismos, que hoy ejercen no sólo las contradicciones impías del mercado laboral o de los arrendamientos, sino también los veredictos del mercado escolar, o las sanciones abiertas, o las agresiones de la vida profesional. Es necesario atravesar las pantallas de las proyecciones continuamente absurdas, algunas veces odiosas, tras las cuales la enfermedad o el sufrimiento se enmascara como una simple expresión.
Hacer conscientes los mecanismos que vuelven dolorosa la vida, al punto de ser invivible, no es para neutralizar o para ir al día con las contradicciones; no alcanza para dar las soluciones. Pero, por escéptico que parezca ante la eficacia social del mensaje sociológico, no se debe anular el efecto que podría generar, y entonces permitir a quienes sufren, la posibilidad de imputar el sufrimiento a las causas sociales y poder sentirse finalmente perdonados; hay que dar a conocer el origen social, colectivamente oculto, de la desgracia en todas sus versiones, comprendidas las más íntimas y las más secretas.
A pesar de las apariencias, no hay nada desesperante: lo que el mundo social ha hecho, armado de conciencia, el propio mundo social lo puede deshacer. En todo caso, es seguro que nada es más inocente que el “dejar hacer”: si en verdad la mayoría de los mecanismos económicos y sociales están en el origen de los sufrimientos más crueles, particularmente los mecanismos que reglamentan el mercado del trabajo, no es fácil oponerse y modificarlos; sólo se salva la política que no saca pleno partido de las posibilidades, la cual, reducida a la acción, o ayudada a emerger por la ciencia, puede ser considerada culpable o no de asistir a alguien en peligro.
Así como la eficiencia de quienes tienen responsabilidades menos importantes y menos directas, como la de todas las filosofías hoy triunfantes que, frecuentemente, a favor de las tiranías pero en nombre de la ciencia y la razón, se han dirigido a invalidar la intervención de la razón científica en materia de política: la ciencia no tiene por qué ser una alternativa entre un racionalismo dogmático y la renuncia estética de un racionalismo nihilista; basta con cuestionar las verdades parciales y provisionales para conquistar la visión común y, en contra de la doxa intelectual, distribuir los medios racionales para aprovechar plenamente las márgenes de maniobra que quedan en la libertad, en suma, la acción política.
*Artículo tomado del libro La Misére du Monde, de Pierre Bourdieu. Editions du Seuil. 1993, pp. 941-944. Traducción: Jean-Louis Delhaye.
27 de octubre de 2010
Semejanza y diferencia

Eric R. Wolf
“La historia sólo la hacen los que se oponen a ella”
Guattari y Deleuze
¿Qué hace que un conjunto de individuos desperdigados por la ciudad puedan sostener ideas, pensamientos, acciones y valores mayoritariamente semejantes frente a otros y al mismo tiempo tener la capacidad de decisión por sobre otros? En esta pregunta todo se mezcla y en principio aparece todo muy difuso, para ello tenemos la palabrita adecuada con la cual zafamos, aunque sólo sea mediante relato el problema. Es una complejidad.
Poder, política, identidad, ethos, clase, práctica, estructura, redes, patriarcado. En principio esas, pero también muchas más. Difícilmente uno vaya encontrar un adecuado cuerpo de conceptos para definir el porqué un grupo social ostenta primacía por sobre otro, en todo caso ya se ha hecho de muchos modos, pero tras todo se esconde una pregunta de orden ético ¿Si tras todo el diagnóstico esta la patencia de una realidad acordonada por la mierda de un extremo a otro, qué hacer?
Ya Carlos Marx planteaba la doble necesidad de actuar sobre el pensamiento al mismo tiempo que el pensamiento actúa (piensa) sobre el actuar modificándose de manera incesante. Todo el tiempo uno debe luchar con las inscripciones del exterior, no se trataba nunca de desnudar una ideología, tampoco de sostenerse mediante un proceso de creación teórica para luego echarse a gozar, era tal como lo sabían los presocráticos, los estoicos o la escuela de Epicuro un desenvolverse desenvolviéndose.
“Los modos de vida inspiran maneras de pensar y los modos de pensamiento crean maneras de vivir… la vida activa el pensamiento y el pensamiento a su vez afirma la vida” (Deleuze). Pero como se sabe demasiado desde las investigaciones empíricas desde la escuela ya todo se empieza a podrir mediante el fenómeno de asimilación, ensignación (inscripción de signos en el cuerpo) y apercibimiento de los fenómenos reales a través de esquemas de organización y distinción permanentes impuestos desde el Estado. Que nunca se enseño a pensar y a crear en la escuela, eso lo sabemos todos, pero más triste aún es el fenómeno de la universidad que no hace sino remedar con aires de prestigio lo que ya se venía insinuando en la escuela y antes en la familia. Era cuestión de tiempo para que ciertos grupúsculos se organizaran en contradicción con el Estado, la familia burguesa y las escuelas del orden.
Por todas partes un plan de organización que no cesa de aplastar, de aplanar las diferencias, la otredad y el afuera como necesaria condición para su realización. Y al final se termina jugando en los términos del juego. Para que una mujer entrara al sistema del trabajo y la política tendría que hacerse hombre, pero sin testículos y pene. Toda una asimilación de las estructuras del poder dominante, para poder cobrar la cuota de ingreso. ¿Qué se nos dice a los que no queremos inscribirnos en el show de la democracia cada cuatro años? Lo mismo siempre, inscríbete y luego haz valer tu voto, pero siempre es un ingreso a las condiciones impuestas por la estructura del poder, pareciera que el poder tuviese siempre un doble limite, un círculo en espiral donde se permite una cierta libertad, pero no mucha más, ni mucho menos, cuando uno se sale de esa doble continencia se aplican los códigos negativos de clasificación que tienen por función reordenar el sistema. Imagen y función negativa que tiene toda una apariencia de afirmación.
Existe todo un riesgo de perder y perderse en esta infatigable lucha que consiste en una “involución en que la forma no cesa de ser disuelta para liberar tiempos y velocidades” (DyG) diferentes a las impuestas, no hago teleserie al recordar la cantidad de hombres y mujeres que han pagado con su vida la lucha contra todas las formas de aplicación que a encontrado el fascismo en el mundo actual. Recordar las palabras de Antonin Artaud, por las cuales hacía un llamado a esperar esa inminente revolución actuando y pensando:
“El hábito que teneis todos vosotros de dar la espalda a las preguntas no impedirá que los cielos se abran el día establecido, y que un nuevo lenguaje se instale en medio de vuestras estúpidas transacciones”.
No hace falta recordar que el Estado tiene sus funcionarios de planificación como sus funcionarios del pensamiento ("El pueblo es aquella parte del Estado que no sabe lo que quiere" Hegel). El Estado no necesita que la gente piense en su más concreta expresión, lo único que pide es que se le obedezca y tras toda la problemática de la marginalidad habita tanto las clases, la estratificación, los círculos del poder, como la irresistible sombra del Estado, un inmenso plan de organización dispuesto a pasar el rastrillo sobre la “mala hierba”.
