31 de octubre de 2012

Fiesta de los Muertos, around the world

AJAYU (Alma). Cortometraje boliviano que muestra la vida después de la muerte y el viaje de las almas en el pensamiento andino

27 de octubre de 2012

III Congreso de Antropología Latinoamericana.

Les dejo la página de la U. de Chile (principal organizadora) del próximo III Congreso Latinoamericano de Antropología. Recomiendo también ojear los paneles/mesas de discusión: 7.- Antropología Médica Latinoamericana, 11.- Identidades en Producción, 12.- Cultura y Subjetividad, 17.- Diversidad Cultural y Políticas Públicas, 18.- Procesos de Sucesión y Reproducción de las Elites, 19.- La Política en Movimiento, 21.- Objetos y Significados, 23.- Movimientos Indígenas y sus aportes al Debate Político en América Latina, 30.- Paisaje, Naturaleza y Cultura, 31.- La Antropología en Escenarios de Catástrofes, 35.- El Estado en Acción, 40.- Espacios, Subjetividades y Metodologías de Investigación Urbana...

Existen más de 40 simposios, y los lugares de exposición se distribuyen en gran parte de la ciudad.


6 de octubre de 2012

Mente/Cuerpo


Críticas al  dualismo mente/cuerpo:


"Toda acción del cuerpo es un movimiento en el alma"


"Voy a presentarles un ejemplo para que vean que no se trata simplemente de algo metafórico: hace algún tiempo, Held y Hein llevaron a cabo un experimento clásico con dos gatitos, ciegos al nacer, en dos canastas. Cada gatito fue colocado dentro de una  canasta y cada día eran paseados durante algunas horas dentro de ésta; es decir, ambos  gatitos fueron expuestos al mismo ambiente. A uno de los gatitos se le -permitió quemantuviera las patas fuera de la canasta y que caminara, al otro se lo mantuvo arropado  dentro de ésta. Dos meses después los gatitos fueron puestos en libertad. El gatito al que se le había permitido caminar se comportó como un gato normal. El otro no reconocía los objetos, se caía por las escaleras y chocaba contra las sillas. Prácticamente, se comportaba  como si estuviera ciego, aunque sus ojos estaban intactos. ¡La conclusión que no hay que sacar es que los gatos ven con los pies! La conclusión que hay que sacar es que el espacio surge como producto del movimiento. Esta es una constatación absolutamente extraordinaria: el espacio, esta cosa frente a nosotros que parece absolutamente objetiva, el pilar de la objetividad en física, es totalmente inseparable del hecho que tenemos que manipularlo a través de una conducta sensorimotriz. [...] 
[...] Esta perspectiva de la mente como enactivamente encarnada tiene dos consecuencias ya que, si la mente no está en la cabeza, ¿dónde diablos está? Este es precisamente el punto: es en este no-lugar de la co-determinación entre lo interno y lo externo; luego no podemos decir que está afuera o adentro. La otra consecuencia que se deriva de esto y que ha sido menos enfatizada, es que la mente es inseparable del organismo como un todo. Tendemos a creer que la mente está en el cerebro, en la cabeza, pero el hecho es que el ambiente también incluye al resto del organismo: incluye el hecho de que el cerebro está íntimamente conectado con todos los músculos con el esqueleto, los intestinos, y el sistema inmunitario, los flujos hormonales y así sucesivamente. Hace de todo el conjunto una unidad sumamente apretada. En otras palabras, el organismo como una red de elementos totalmente co-determinados determina que nuestra mente ,sea, literalmente, inseparable, no sólo del ambiente externo, sino también de aquello que Claude Bernard denominó el milieu intérieur, el hecho de que no sólo estamos dotados de un cerebro sino de todo un cuerpo.

Si ustedes provienen de esa tradición de la filosofía de la mente según la cual la mente es  algo que ocurre dentro de la cabeza, puede que esto les parezca bastante sorprendente. Por ejemplo, en el pasado, los filósofos se entretuvieron hablando de cerebros en un recipiente, un cerebro en un cubo de ensayo provisto de alambritos. Es divertido, la comunidad filosófica anglo-americana ha pasado muchas horas discutiendo este tipo de cosa, pero  cuando vemos el estado del arte de la investigación, todo el argumento parece extraño porque con una mente en un tubo de ensayo no puede haber mente. Lo que tendríamos es una actividad neural completamente incoherente, porque no podría tener la funcionalidad de lo que realmente hace, el manejo y la interacción constante con el cuerpo y con el ambiente que le da sentido." 

Francisco Varela, El fenómeno de la vida, Cuatro pautas para el futuro de las ciencias cognitivas.

25 de septiembre de 2012

Antropología Médica: enfermedad, salud y procesos de curación.


Algún día, la tierra será un lugar de curación.
Así Habló Zaratustra.

La enferma siempre sabe mejor que el médico lo que le conviene, pero no logra pensar ese saber, sino sólo expresarlo en sueños, en movimientos, en el modo de vestir, en su ser, en sus síntomas de enferma; o sea, en un lenguaje que ella misma no entiende. 

Georg Groddeck (citado en Los Signos, el médico y el arte de la lectura del cuerpo de Karin Johannisson).
       
La antropología médica cuenta con importantes esfuerzos por consolidar un corpus de conocimiento que trate de disminuir al mínimo la escisión epistemológica y pragmática entre las ciencias humanas y el saber biomédico en relación al enfermo y los procesos de curación.


Su motor ético es la búsqueda de un conocimiento conciliador entre las prácticas terapeúticas de la tradición objetivista del saber médico-biológico y la experiencia subjetiva de la enfermedad del sujeto que se encuentra insertado en un contexto de significación cultural que determina la trayectoria social de su enfermedad.


"Aseverar que la biomedicina posee informaciones directas, descripciones objetivas del orden natural, un orden empírico de universales biológicos externos a la cultura, ya no parece sustentable y debe ser sometido a análisis crítico. Para ello, la teoría empírica del lenguaje médico con su enfoque en representaciones será insuficiente y debe ceder lugar a otras alternativas"   Good B. Medicine, rationality and experience. University Cambridge Press, 1994: 22.

En este examen y propuesta se esboza una crítica al sistema de evaluación biomédico que alcanza su mayor gloria en la industria farmacológica y en ciertos aspectos de la tecnociencia. Toda esa postura a configurado una relación entre el médico y la enfermedad, dejando al sujeto enfermo a un lado, ejemplificado en la serie televisiva norteamericana con la imagen de un doctor ensimismado en su genialidad y sus dotes para el análisis, sin la presencia relevante del sujeto que posee la enfermedad en primera persona, pero que carece de la razón instrumental y objetivista del diagnosticante. El aspecto del sufrimiento y el significado de la enfermedad ha sido dejado de lado por la medicina moderna.

Las tensiones entre el saber biomédico y los signos culturales del enfermar no se encuentran en los procesos de morbilidad que han llegado a un extremo, sino en los acontencimientos diarios de un agente que busca hacer frente a su enfermedad empalmando con nuevas prácticas que le otorguen un sentido de "ajuste interno".

La enfermedad y su trayectoria social.

Leví-Strauss alcanzó fama con dos artículos de interpretación estructural que tienen como base el examen de los procesos de curación en sociedades indígenas americanas. La Eficacia Simbólica y El Hechicero y su Magia constituyen un agudo rastreo sobre la comunicación entre el Chamán, el sujeto enfermo y la terapéutica simbólica de su dolencia. En dicha investigación propone un enfoque de análisis que contiene tres elementos:

El Paciente (sujeto portador de enfermedad)
El Agente Sanador (Chamán), y
La Comunidad simbólica que habitan como resorte de sanación.

La triangulación de los tres elementos podrá efectuar un reacomodo interno, ya que el Chamán no es un agente sanador porque sane sino que "sanaba a sus enfermos porque se había convertido en un gran hechicero" (Levi-Strauss, 1987: 207). "Toda sociedad construye escenarios y actores para que el sufrimiento individual se transforme en satisfacción o respuesta social".  A través de la comprensión del entorno sociocultural los cuerpos devienen inteligibles para sí mismos. En un proceso de trauma lo que colapsa es la continuidad de la persona como agente activo de identidad.

"Triple integración del individuo, identidad personal, identidad social e identidad cultural. La relación de las tres desencadena una capacidad transparente de coherencia que lo hacen ser al mismo tiempo un realizador de personalidad, activo socialmente en sus intercambios y culturalmente expresivo de valores y de sentido".  David Le Breton. Cuerpo Sensible, 2010: 24.

La continuidad transparente de una biografía con su entorno permite acceder a una vivencia de la realidad del mundo de manera no antagónica, generando una relación de sanación con un sujeto que se encuentra instituído como agente investido de reconocimiento público por su oficio de sanador.
"Sin la mediación estructurada del otro, es imposible concebir en el hombre una capacidad de apropiación significante del mundo, por sí mismo, su cuerpo no se abrirá jamás a la inteligencia de los gestos o percepciones que le son necesarias". Le Breton, ibid. pág. 18.

La relación y vínculo del enfermo con el mundo, junto a la mediación que ofrece un agente de sanación, le proporciona a la persona un sentido que lo abren a percibir su enfermedad de una manera consciente, recordando con Levi-Strauss que "la integridad física no resiste a la disolución de la personalidad social" (El hechicero y su magia).


Salud y “problemas del vivir”.

Cuando la neuroquímica y la intrapsíquica se encuentran estabilizados o dentro de marcos de representación de “normalidad”, nos encontramos con los límites de ciertas taxonomías nosológicas que no capturan la subjetividad del sufrimiento en un sujeto que se ve sobrepasado en su actuar por las expectativas sociales que erosionan constantemente su subjetividad.

La configuración social del sufrimiento, en las sociedades modernas es la encarnación de un fenómeno, acompañado de una experiencia que desencadena un evento de enfermedad. Dichos eventos son constantemente recepcionados por los sistemas de saber psiquiátricos y sus taxonomías, perfeccionadas por sistematización.

En las sociedades de tradición oral, la manipulación simbólica de la enfermedad por curanderos y chamanes se encuentra condicionada por  la inestabilidad de la palabra (carente de sistematización) y por eso mismo es vulnerable a la inconsistencia propia del ensayo permanente.

En las narrativas orientales del saber médico, encontramos una fusión entre espiritualidad y salud junto a una densa cosmovisión donde energía, cuerpo, materia y psique están atravesadas por el poder cósmico, lo que se traduce en narraciones donde el principio de clasificación taxonómica occidental de las enfermedades se vuelven principio de negación cosmológico:

“…para una mentalidad como la China, en la que el principio del orden de las cosas juega el papel de una categoría fundamental, la noción de causa y efecto que conducen a la idea de relaciones unilineales, segmentarias y pobre en referencias totalizantes parecen mucho menos pertinentes que aquellas de concatenación y organización. Éstas al ser realizadas según innumerables orientaciones y clasificaciones jerárquicas, se sobreponen o se recortan de múltiples maneras llegando sin duda a series menos coherentes pero más representativas, para la satisfacción del espíritu, de la superioridad de contestarse todas a través de una identidad de estructura reveladora, de la unidad ordenada del universo.” Vandermeersch (1974).

Ésta segmentación sobre segmentación, propia de occidente ha devenido un fortaleza para el descubrimiento de hasta las más pequeñas funcionalidades de la materia orgánica, lo que fundamenta uno de los principios más fuertes de la ciencia médica, pero a la vez desencadena una pobreza de sentido en la relación del cuerpo y su entorno.

Arriesgando una hipótesis, se puede plantear que la proliferación de cultos budistas, chamanístas y curanderos varios en gran parte de occidente se debe a la potencia en la comunicación de sentido que poseen esas narrativas para explicar con una idea de totalidad la relación de cuerpo-sociedad-naturaleza, como también en la continuidad en el pensamiento del eje cuerpo-mente sin las fragilidades del cartesianismo occidental.

La salud es también una manera de percibirse a través del otro humano y del Otro no humano, no importa, una vez más recordando a Levi-Strauss, si son discursos de charlatanería o articulaciones irracionales, sino que cuando el otro comunitario habita la misma creencia desencadena en la conciencia del afectado una relación de cohabitación en la verdad de la creencia, sin la cual no puede existir un verdadero intercambio de sentido y refugio cosmológico. Entrar en el sentido de la comunidad, es entrar en la corriente que compensa las tensiones. 


El porvenir de la antropología médica.

Los primeros análisis en Antropología Médica, junto al aporte de la etnomedicina y etnopsiquiatría en sus estudios comparativos permiten extraer la multidimensionalidad que asume la enfermedad en su portador en referencia al contexto en el cual se sitúa la vivencia del paciente. La patografía y la terapeútica del médico nos permiten extraer algunas conclusiones de los actuales protocolos de diagnóstico: en primer lugar, la antropología médica se enfrenta a una resistencia corporativa para disputar la racionalidad pragmática que se desarrolla en el encuentro entre paciente y médico.

En segundo lugar la racionalidad científica que subyace al análisis biomédico a emprendido una suerte de apertura paulatina a las observaciones que la bioética (ayudada en gran parte por la antropología médica)  le ha venido a formular de manera crítica a un biomedicina preocupada de dar únicamente con la materia de enfermedad (virus, bacterias, etc.) para atacarla mediante dosis de fármacos, una dieta estricta o actividad física, desligando la actividad significativa de la persona de su mundo, prácticas, oficios o realidades culturales en las cuales está inserto.

Evolución de los estudios en Antropología Médica desde 1970 a 2008 (Google Ngram / EE.UU.)

Por último, la Antropología Médica deberá enfrentar un papel de mediación entre los procesos de modernización que en Latinoamérica ha llevado a la implantación de consultorios e instituciones médicas que no toman en cuenta la realidad de los pueblos indígenas, su cosmovisión, ni menos sus marcos de referencia cultural, mediante los cuales la enfermedad es recepcionada por el enfermo, su familia y comunidad. La antropología sabe bastante a donde conducen los procesos de aculturación violenta y rápida que consideran irrelevante y materia de burla las concepciones mágico-religiosas de las comunidades indígenas por parte de las ansiedades de las políticas de desarrollo social gubernamental, que imponen modelos carentes tanto de diálogo intercultural, como de prácticas de integración en los programas de desarrollo humano.



Bibliografía.

Enfermedad, persona y saberes de la curación. Entre la cultura y la historia Roberto Beneduce.
Antropología Médica, Miguel Kottow.
Resortes Antropológicos de los diferentes procesos de curación, Fabricio Vomero.
Creencia y eficacia simbólica: posibles respuestas, Fabricio Vomero.
Los Signos, el médico y el arte de la lectura del cuerpo, Karin Johannisson.
La Eficacia Simbólica, Claude Lévi-Strauss.
El Hechicero y su magia, Claude Lévi-Strauss.
Cuerpo Sensible, David Le Breton.

2 de septiembre de 2012

Genocentrismo: una metáfora del exceso.


Aunque ahora resulte difícil creerlo, todo el territorio discursivo que hace décadas hicieron del racismo un relato que se fundamentaba en ciertas tesis del conocimiento duro, de una u otra manera han encontrado una nueva fuerza.

A Wittgenstein se le suele vincular como uno de los pensadores que ha sido capaz de poner en su lugar a muchos cultores del discurso posmodernista, pero se olvida que sus tesis que situaban a los juegos del lenguaje como maniobras de construcción destinadas a convencer e interpretar el mundo también caen sobre los discursos científicos de mayor prestigio y reconocimiento “objetivo”. La biología y en especial la genética contribuyen a irradiar una luz de seguridad absoluta sobre ideas que tienen al gen como la moderna metáfora de la esencia, lugar donde se pueden escrutar todas las formas humanas: enfermedades, hábitos, tendencias corporales, procesos psíquicos, conductas sociales, todas y cada una de las formas culturales se reducen así a una explicación biológica, la sana y bella ciencia de los objetos encuentra en ella la mayor de sus virtudes metafóricas y junto a ello una suerte de reinado sin contrapeso, en  un contexto donde las ciencias sociales han caído en profunda crisis de contenido, tanto metodológica, como teóricamente.

El asunto no parece tanto en caer –como David Le Breton- en una vendetta simbólica donde todas y cada una de las partes del cuerpo obedecen a un perímetro de asociación significativa, sino en entender que dichos descubrimientos han terminado por saturar todos los procesos de explicación, recibiendo el nombre de genetización de la cultura. Bob Simpson hace una crítica similar cuando en “Comunidades Genéticas Imaginadas” intenta introducir una descripción de la imaginación genética  que tiende a dotar la identidad de las más modernas sociedades occidentales.

Dicha imaginación tiene profundas consecuencias políticas. Ya Anderson, con su “Comunidades Imaginadas” intentaba realzar el papel de la imaginación social, nutrida de relatos simbólicos, para describir los procesos de consolidación de los actuales Estado-Nación. Un estado de la imaginación que apele al conocimiento científico puede terminar en un futuro por introducir tecnologías genéticas para implantar perfiles biológicos con determinadas características para los futuros bebés.

El mismo Bob Anderson describe el fenómeno de los “bebés Vikingos”. En 1999 los bancos de semen, para inseminación artificial Británicos sufrían un fuerte déficit que desató un desbalance entre la débil oferta y la abrumadora demanda. Los jóvenes británicos se resistían a donar semen debido a la creciente búsqueda de los nacidos por hallar sus raíces biológicas. Dicho problema desató una merma en las donaciones, lo cual generó una arremetida de la industria médica (clínicas de inseminación artificial) por  importar semen nada más y nada menos que de países nórdicos (Noruega, Islandia, Dinamarca, etc.).

Dicho proceso desencadenó una fuerte cobertura periodística con sendos reportajes que situaban el futuro de la nación plagada de bebés vikingos, generando una desestabilización en el imaginario de la identidad británica. Al poco tiempo, se produjo una masiva asistencia de jóvenes ingleses y escoceses a las respectivas clínicas para hacer sus donaciones, lo que a la larga terminó por acabar la necesidad de las importaciones.

Los fenómenos de la cultura y el imaginario están profundamente conectados con las principales innovaciones tecnocientíficas de nuestro tiempo. Dichos procesos tienen al cuerpo como un lugar de alienación que no tolera los más mínimos índices de grasa, anomalía en la anatomía o disminución de la energía psíquica, todas, desviaciones del ideal de la imagen.  Actualmente hasta existen investigaciones científicas en Norteamérica que sitúan al paisaje genético como el lugar en el cual están depositadas las preferencias políticas/económicas de los agentes sociales.

Dichos fenómenos de irradiación de la biología y la física como las dos ciencias reinantes (al menos en los presupuestos investigativos) forman parte de este mundo que las descripciones definen como en aguda crisis. La tecnociencia reduce el actuar del cuerpo a una serie de acciones-reacciones, causas/efectos de pastillas y fármacos para controlar dolores e inestabilidades en el funcionamiento del cuerpo. Todo un materialismo de lo más bajo del cual la industria farmacéutica ha logrado sacar abultadas ganancias.

Al final del día sabemos que tanto la física molecular (el CERN europeo, por ejemplo) o proyectos como el genoma humano dependen para su financiamiento de un alto impacto ganado en los reportajes de los mass media y de un alto poder de resonancia y prestigio para explicar hasta los más mínimos detalles del mundo material, sin embargo, muchas de aquellas transacciones económicas ponen en juego un absolutismo del discurso científico, que lejos de explicar algunos  fenómenos, acaban por abarcar el mundo entero en sus descripciones, que al igual que el mapa de Borges que era tan vasto, minucioso y detallado como el territorio real, era también tan inútil.


Pd: Chilito no se queda atrás.

26 de agosto de 2012

La Moral no existe.

"El conocimiento de lo bueno y lo malo no es nada más que el afecto de la alegría o la tristeza en cuanto somos conscientes de él".
Spinoza.


Demostración: Llamamos bueno o malo lo que es útil o perjudicial para la conservación de nuestro cuerpo, esto es, lo que aumenta o disminuye, favorece o reprime nuestra potencia de obrar. En cuanto percibimos, pues, que una cosa nos afecta de alegría o tristeza, la llamamos buena o mala y por tanto el conocimiento de lo bueno y lo malo no es nada más que la idea de la alegría o la tristeza que se sigue necesariamente del afecto mismo de la alegría o la tristeza.

Aquí Durkheim dejó todo suficientemente claro: la religión y los códigos de moral son preceptos normativos para encauzar las conductas y las acciones dentro de un marco definido. La moral es un código de obediencia que restringe las experiencias de los agentes y como dice Gregorio Kaminsky el problema no es Dios, nunca ha sido Dios un problema, sino el uso político y moral que se hace de él para implantar un régimen de control social. "Toda moral que construye que es el Bien y que es el Mal, es una aparato de sometimiento y de obediencia". 

15 de agosto de 2012

Primeros Materiales Para Una Teoría De La Jovencita.







Este libro me lo quería comprar, para luego comentarlo en el blog, pero aún no llega a la fértil provincia, por tanto, la pereza y la vanidad me llevan a copiar y pegar la buena crítica de Castro Rey sobre los últimos movimientos de la filosofía francesa de tintes anarquistas.  El grupo se llama Tiqqun (del judaísmo Tikun: todo a un mismo tiempo). Hecha la presentación, los invito a conocer la visión del que según Tiqqun es la última mutación del sujeto histórico de nuestro tiempo: La jovencita. 




por Ignacio Castro Rey


“¡Ah, pero qué asquerosa eres!”. Al modo del collage urbano, mezclando en distintos tipos de letra anuncios con tópicos cotidianos (“¡No te comas el tarro!”) y fragmentos cargados de una profundidad analítica delirante, este libro hará las delicias de quienes estén interesados en la subversión de nuestro mundo. Aunque, francamente, no es seguro que Teoría de la Jovencita, publicado recientemente por Acuarela & A. Machado, sea “un libro de amor” o hable sobre la imposibilidad del amor en nuestra estructura social, como dicen los editores en la contraportada. Si lo es, se trata de un amor del cual tampoco son capaces los autores, la mítica constelación llamada Tiqqun. Pero sí se debe decir que este libro posee una rara belleza. Y una inmensa riqueza, pues resulta sencillamente precioso ver el mundo con los ojos de otro mundo. Precisamente uno de los posibles defectos deTeoría de la Jovencita es que su misma radicalidad empuja a una lectura estética de la superficie, amenazando dejar todo como estaba. En todo caso Tiqqun, en este texto de sus comienzos en 1999, elabora una radicalidad que funciona a ráfagas, cristalizando momentos deslumbrantes. Esa misma intensidad es la que parece impedir el discurso político clásico, de largo aliento, para restallar en fogonazos que duran unas pocas líneas.


I Hechizo


“La Jovencita se presenta dondequiera que el nihilismo comience a hablar de felicidad”. Este libro desarrolla con el detalle del insomnio la metafísica oculta en la visibilidad triunfante. “A mis doce años, he decidido ser bella”. Todo el libro está repleto de textos así, tan significativos que casi resultan misteriosos. Fíjense en este otro: “La Jovencita no tiene el rostro de una muerta, como podría llevar a pensar la lectura de las revistas femeninas de vanguardia, sino de la muerte misma”. O en éste: “La Jovencita se complace en hablar con emoción de su infancia para sugerir que en el fondo aún no la ha superado, que en el fondo sigue siendo una ingenua. Como todas las putas, sueña con el candor. Pero a diferencia de estas últimas, ella exige que se la crea y que se la crea sinceramente. Su infantilismo, que no es a fin de cuentas más un integrismo de la infancia, hace de ella el vector más retorcido de la infantilización general”.


Que nadie se rasgue las vestiduras antes de tiempo: la Jovencita no es un concepto sexuado. En paralelo al concepto de Bloom, Tiqqun intentó captar en la Jovencita la última mutación política del humano occidental. “No le cuadra menos al chulito de discoteca que a una árabe caracterizada de estrella del porno. El alegre relaciones públicas jubilado que reparte su ocio entre la Costa Azul y el despacho parisino donde aún tiene sus contactos, responde a él al menos tanto como la single metropolitana demasiado volcada en su carrera de consulting para darse cuenta de que ya se ha dejado en ella quince años de vida”. La Jovencita, pues, es aquel que ha preferido convertirse en mercancía antes que sufrir la tiranía de ésta.


¿Después de las figuras del Proletario (Marx) y el Trabajador (Jünger), este colectivo anónimo intenta captar la figura de una última mutación de la especie, la más terrible y sonriente alienación? Sí y no, pues la ambivalencia de una figura liminar, que encierra por ello mismo una posibilidad nueva y el ámbito de una reversión política de las cosas, estaría más en el Bloom, a la manera del Dasein heideggeriano. La Jovencita se nos presenta más en una cristalización ontológica que le acerca más al odioso burgués de Marx. “La Jovencita está enteramente construida; por eso puede se enteramente destruida”. Y esto a pesar de cien fragmentos donde la Jovencita aparece cargada todavía de profundidad sufriente: “En el caso de la Jovencita, como en el de todos los demás Blooms, el ansia de diversión hunde sus raíces en la angustia”.


Finalmente el control de las apariencias se transforma en la disciplina de los cuerpos: “La Jovencita habla de la salud como si se tratase de la salvación”. ¿Es la debilidad metal la que reproduce una y otra vez el imperio del cuerpo, el dictado de la imagen de uno mismo? Imperativo estético de visibilidad, dado que el reconocimiento externo nos salva de una experiencia de sí que por todas partes se desfonda. Si hay tanta gente fea en este mundo es por el imperativo masivo de estar a la moda en algún punto: “La Jovencita no envejece, se descompone”.


“La Jovencita es la mercancía que exige ser consumida a cada instante, pues a cada instante caduca”. Moda y economía se benefician mutuamente. En todo caso, la juventud no es ya una edad transitoria, sino el único periodo aceptable de la vida humana. Una juventud que no necesita ningún ideal, porque es por sí sola un ideal. ¿Qué debo hacer para embellecerme?: “Por miedo a ser retirados de la circulación como productos viejos, las damas y los caballeros se tiñes los cabellos y los cuarentones hacen deporte, a fin de mantenerse esbeltos”.


“La Jovencita quiere ser ‘independiente’; es decir, ser, en su mente, sólo dependiente del SE”. Ella llama invariablemente felicidad a todo aquello a lo que SE la encadena: por parte de Tiqqun, el uso del impersonal heideggeriano Se (das man) es un signo del poder neutro de la abstracción. El imperio se confunde con lo social, con una masiva clase media. Este semblante de la humanidad “es fascinante al modo de todas las cosas que expresan una clausura sobre sí mismas, una autosuficiencia mecánica, una indiferencia hacia el observador, tal como hacen el insecto, el lactante, el autómata”. Por eso la Jovencita, dicen ellos, es ajena tanto a sus deseos como a su cuerpo, quiere ser deseada sin amor o amada sin deseo: “Se pudre en el limbo del tiempo”.


Tiqqun desarrolla en este libro el enigma de lo obvio, la hiperrealidad que casi se hace onírica, durmiente. La Jovencita encarna la organización de la ceguera de los escenarios radiantes y la visibilidad total. Allí donde la angustia se confunde con el hecho de que nadie parece sentirla: “A fin de cuentas es la omnipresencia de la nueva policía la que acaba por hacerla imperceptible”. Criatura puramente ideológica, por eso esta figura postrera de la humanidad puede carecer de ideas. La Jovencita es algo así como el cuerpo de una nanoideología. En virtud de tal fusión inmanente los nuevos pijos se confunden con los enrollados: pueden ser orgánicos, ecologistas, indies ¿La misma @ que preside la conexión perpetua de nuestro aislamiento no es el signo de una neutralización imperial?


Las píldoras de sabiduría, mezcladas de vulgaridad, se siguen desgranando: “Cómo tener perro sin pasar por una perra”. “La supuesta liberación de las mujeres no ha consistido en su liberación de la esfera doméstica, sino más bien en la extensión de dicha esfera a la sociedad entera”. Depuradora de negatividad con una sonrisa implacable, la Jovencita no habla, sino que es hablada por el Espectáculo. Estamos ante un estadio en el que la alienación se confunde con la soltura física. Tanto el poder como el individuo se podría decir que son hoy entes ventrílocuos, pues sufren y hablan siempre a través de otro.


Este libro define el amor que viene como “un autismo para dos”. La dificultad de cualquier relación estriba en que cada uno está de antemano casado con su propia imagen. “No es tanto que los ciudadanos hayan sido derrotados en esta guerra como que, negando su realidad, se han rendido desde el principio; lo que SE les deja a modo de ‘existencia’ ya no es más que un esfuerzo de por vida para hacerse compatibles con el Imperio. De esta infinita servidumbre voluntaria a la norma, a una norma cambiante, proviene el hecho de que nunca sepamos con quién estamos… hasta que ocurre algo, y entonces es demasiado tarde.


II Peros


Tiqqun también describe la deriva del pensamiento hacia el estado de mero reflejo del contexto: La Jovencita nunca crea nada, en todo se recrea. “Ya sea camarero, modelo, publicitario, ejecutivo o animador, la Jovencita vende hoy su ‘fuerza de seducción’ como antaño se vendía la ‘fuerza de trabajo’”. El libro se extiende así sobre una vigilancia orgánica, muscular, que no necesita vigilantes porque está integrada en la dispersión con la que vivimos. “La Jovencita vive secuestrada en su propia ‘belleza’… es la carcelera de sí misma, prisionera de un cuerpo hecho de signos en un lenguaje hecho de cuerpos”.


Y sin embargo (sí, “sin embargo”), la genialidad de Tiqqun muestra en el límite la miseria de la mitología occidental. Más cercanos a la figura nietzscheana del León que a la figura del Niño, ellos adolecen penosamente de sentido del humor para jugar con las situaciones. No sólo esto, sino también de piedad y sabiduría para captar la ambivalencia del ser humano, incluso en la peor de las situaciones, allí donde el infierno sonríe: la Jovencita No sólo esto, sino que se puede decir que Tiqqun carece de inteligencia política para perforar la costra imperial y averiguar la fuga de las masas, incluso a través del embrutecimiento del consumo, de esta cárcel gigantesca en la que vivimos.


Por esta razón, entre otras, con demasiada frecuencia Tiqqun es equidistante en los “falsos conflictos” que aparecen en este mundo regulado: por ejemplo, entre Milošević y la OTAN. Seguro que entre Rusia y EEUU, entre Moore y Obama, etc. Por esta misma razón, en el otro extremo, jamás pueden citar a Baudrillard, o lo hacen de modo trucado, pues él representa una revuelta cultural que es indiferente a esa militancia política que configura nuestra ortodoxia y nuestro encierro. Sobre todo, esta “pureza” ontológica de Tiqqun representa un integrismo minoritario frente al otro, el que ellos llaman imperial.


Justifican de manera genial el retiro de este mundo, más que la intervención en él. Teoríade la Jovencita es enormemente estimulante y enriquecedor, como todo lo de Tiqqun, tanto si nos hechizan como si a veces nos fuerzan a estar en desacuerdo. Es cierto que redefinen dos conceptos de la teoría crítica de los últimos años: Espectáculo (Debord) e Imperio (Negri). Pero la radicalidad con que lo hacen contiene su mayor virtud filosófica y su mayor defecto político. O viceversa, quizás: su mayor virtud política y su mayor debilidad filosófica. Escuchemos: “El espectáculo no es una cómoda síntesis del sistema de los mass-media. Consiste también en la crueldad con que todo nos remite sin tregua a nuestra propia imagen. El imperio no es una especie de entidad supra-celeste, una conspiración planetaria de gobiernos, de redes financieras de tecnócratas y multinacionales. El imperio está allí donde no pasa nada. En cualquier sitio donde estofunciona. Allí donde reina la situación normal” (Llamamiento). Pero fíjense que entonces, y esto supone una seria torsión de la filosofía de Deleuze y Agamben, entonces se llega a confundir Historia y Devenir, Adentro y Afuera.


No hay ya Naturaleza, ni Tierra, ni Pueblos libres del plexo de control que es “Occidente”. Por tanto, en el fondo, Tiqqun no rompe con nuestro prejuicio cultural, aquello que precisamente nos convierte en imperio. La tierra entera, el hombre entero están sometidos a un “cambio climático” que supone que ya no hay afuera, pues el afuera ha pasado adentro. Su enorme caudal de erudición literaria y filosófica no libra a Tiqqun de participar en el encierro global que representa esta época.


Escuchemos: “Incluso en el amor, la Jovencita habla el lenguaje de la economía política y la gestión”. “En realidad, cualquier almuerzo de familia o cualquier reunión de ejecutivos son más obscenos que una escena de eyaculación facial”. Al “exagerar” de este modo, la ontología de Tiqqun es maniquea, habla el lenguaje moralista de lo binario. Y nos mantiene inmaculadamente sobre esta infinita inmanencia que no puede creer en ningún afuera. Nos libra a la vez de tener que implicarnos: de poder infiltrarnos, ser invisibles y realizar milimétricas mutaciones en la superficie.


El libro es precioso, exactamente inolvidable, como es inolvidable ver el mundo con los ojos de otro mundo. Pero, debido a que no recupera el mundo, una vida indiferente a la pesadilla que es la historia, se trata de un libro efímero, circunstancial y dirigido a una selecta minoría.


Finalmente es de temer que esta “metafísica crítica” es ferozmente metafísica, es decir, obscenamente política. Es completamente discutible esa supuesta “doble secesión”: no está claro que Tiqqun escape de la simple oposición al Imperio propia de la “izquierda” y en general de esa mitología política que obsesiona a un Occidente que no soporta el sentido (político e impolítico) de la condición mortal. La simple reiteración maniaca que Tiqqun mantiene con el “negrismo”, con los seguidores de Negri, puede confirmar que Tiqqun vive dentro de otro sectarismo, que escriben contra unos pocos. ¿Vivirían sin ellos?


Marx es también otro signo de limitación intelectual. Tiqqun mantiene una concepción esencialmente hegeliana, nihilista, de lo absoluto. Una concepción “heideggeriana” que no es capaz de volver, de recuperar la inmediatez del ente, el ser del devenir. Tal vez comparten con Marx y casi toda nuestra cultura el mito, típicamente moderno y occidental, de que el mundo es otro, de que se ha roto con la vieja vida. Se ha dado un corte epistemológico, una revolución, y por tanto es necesaria otra revolución para volver a la existencia.


Una existencia, hay que repetirlo, que Marx y Tiqqun jamás reconocerían, pues el tejido biopolítico imperial ocupa todo el horizonte. Pero esto sólo porque el afuera, la existencia impolítica, ellos no pueden verla. En definitiva, estamos ante un libro muy francés, deliciosamente eurocéntrico. No es poco.